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MANUEL FALCES/II

En septiembre de 2013, olvidos.es ofreció una primera parte sobre los trabajos de Manuel Falces: sobre todo se editó el último libro de Manolo, su gran obra “José Ángel Valente. Para siempre: la sombra”. Ahora en julio de 2014 olvidos.es presenta Autorretratos, una pequeña colección de las muchísimas fotografías de Manuel Falces para recordar su obra desde el principio hasta el final. A esta galería unimos una conversación entre Matilde Sánchez Imberlón y Mariano Maresca grabada en 2011; un texto de Fernando Valls sobre la nueva obra Autorretratos; otro de Fernando García Lara; y un reportaje que se pudo ver en Canal Sur, en la serie Tesis, sobre la muerte de Manuel Falces.

Fases de este proceso

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2Toda una vida

Conversación entre Matilde Sánchez Imberlón y Mariano Maresca.


Mariano.- Háblame de La Habitación secreta. En esta serie está la mirada de Manolo, ¿no es así?

Matilde. - Algunos de los textos hablan de recuerdos de su infancia, y las fotos se completan con la mirada. El siempre tuvo a flor de piel los recuerdos de su niñez. Al realizar estas fotos era como un buscador de recuerdos queriendo encontrar los suyos en aquellos espacios.

Mariano.- Son libros acogedores. Uno se da cuenta inmediatamente de que está ante algo importante y yo diría privado, libros objetos que dan la impresión de libros espontáneos pero a la vez escogidos con mimo.

Matilde. - Algo privado, pero a la vez son objetos que quien los tenga puede hacerlo suyo. El trabajo de la habitación secreta surgió con la intención de realizar un catálogo de las casas de Almería y provincia para posteriormente evitar su destrucción.

Mariano.- ¿Cuándo os conocéis Manolo y tú?

Matilde. - En 1970, tras una serie de encuentros, fundamentalmente uno durante el rodaje de la película Catlow, en el claustro de la Escuela de Artes de Almería.

Mariano.- Antes de conocerlo ¿te interesaba la fotografía?

Matilde. - No la conocía, pero siempre mostró una tendencia creativa y desde la primera toma de contacto me fascinó. Al principio hacía de modelo, después ayudaba con los estilismos para las fotos, la localización de escenarios, la realización de maquetas y recortables fotográficos, el revelado de negativos y el copiado en el laboratorio… Realizábamos guiones y esquemas previos a las fotos, acompañados de un listado de objetos necesarios.

Mariano.-Cuando Manolo empieza a dedicarse ya de manera asidua a la fotografía en Almería había una tradición que era la del grupo AFAL. ¿Manolo conecta con AFAL?¿O toma un punto de vista distinto?

Matilde. - Él siempre más bien tiende a despegarse, a buscar un estilo propio. Practicábamos lectura compartida: Proust, Lovecraft, Hesse, hasta llegar a los fotomontajes con todo este mundo onírico sacado de las lecturas y con influencias también de Fellini y de la música.

Mariano.- Has nombrado a Fellini. Hay un libro El Tránsito que hace pensar ¿qué le atraía de Fellini? Por una parte está la transfiguración poética de la realidad, pero también el darle a los sueños estatus de vida real. Había una gran conexión entre los fotomontajes y la obra de Fellini.

Matilde. - Algunas de las ideas sobre fotos las veía reflejadas en el cine de Fellini. Había dos películas que siempre le gustaba ver: Amarcord y Casablanca

Mariano.- Imagino que se reía mucho.

Matilde. - Sí, a carcajadas. Una gran foto de Fellini con un rinoceronte en una barca durante el rodaje de E la nave va ocupa un lugar importante en el estudio.

Mariano.- ¿Qué recuerdas de sus primeras exposiciones?

Matilde.- Empezó muy joven, hace poco encontré una foto que ponía en el reverso “Mi primera foto, Manuel Falces, 1965”. Aquellos años (finales de los sesenta) fueron los de los concursos, de los entonces llamados Salones de Fotografía. Después expuso en el colegio mayor de Granada, que fue su residencia los primeros años de carrera, la galería Carlos Marsá de Granada, Photocentro de Madrid… Granada fue muy importante en sus comienzos.

Mariano.- El fotomontaje es una técnica y un lenguaje.

Matilde. - El fotomontaje era y sigue siendo una forma de expresión. Era capaz de suplir la falta de medios para una puesta en escena, como plató, actores… Para eso, utilizaba la tijera y el pegamento, maquetas, manipulación de negativos. También era una forma de rebeldía, de romper con las formas clásicas. En el carnet de fotógrafo decía que eras “fotógrafo artesano”. Manolo ha sido el fotógrafo completo. Ha hecho todo en torno a la fotografía; si fuera flamenco diría que tocó todos los palos.

Mariano.- Me llama mucho la atención. Yo seguía sus publicaciones de El País Semanal, los consejos que daba, él probaba todas las nuevas tecnologías.

Matilde. - Es cierto, lo probaba todo. Alguna vez él mismo se denominaba un alquimista de la imagen. El País fue un reto. En los setenta, una publicación que nos gustaba era La Gaceta del Arte, pero se echaba de menos la fotografía, que parecía reservada para las revistas especializadas. Manolo quería que la fotografía fuera incluida en las páginas de arte de los periódicos. Comenzó a publicar en El País de las artes, Arte y Pensamiento, Semanal, Babelia… Más de quinientos artículos.

Mariano.- ¿Me cuentas su relación con Cartier-Bresson?

Matilde.- Cartier-Bresson aceptó formar parte y apoyar el proyecto IMAGINA con la condición de no hacer fotos ni ser fotografiado. Manolo siempre respetó esa condición a pesar de los muchos momentos que compartimos con él y Martine Frank, aunque otros hicieron fotografías, pero no se lo tomó mal. Gracias a eso tengo una foto de los dos, Henri y Manuel, frente a frente.

Mariano.- Alguna otra historia de IMAGINA, porque eso es un proyecto...

Matilde. - Fueron muchas, una lista de excelentes fotógrafos de todo el mundo. Me acuerdo, por ejemplo, de Evgen Bavcar, un fotógrafo ciego que perdió la vista a consecuencia de una mina e iba siempre con su lazarillo. Parecía cosa de magia, una persona absolutamente fantástica. O Illan Wolff, que utilizaba latas y cajas de detergente para construir sus cámaras. Alguno fijó su residencia en Almería, y otros siguen pasando por aquí para descansar

Mariano.- Un salto: Valente.

Matilde. - Les presentó un amigo común y al hacerlo dijo: “te presento a tu hermano”, y no se equivocaba. Eran dos poetas, uno de la palabra y otro de la imagen, y con muchas coincidencias de pensamiento. Surgió un sentimiento muy profundo, en el cual me incluyo.

Mariano.- ¿Cómo empezasteis a trabajar con Valente?

Matilde. - Primero fue en Cabo de Gata. De los recorridos por el Parque Natural surgió la idea del libro. El País Semanal publicó un amplio reportaje y más tarde se editó el libro Cabo de Gata. La memoria y la luz. Los dos me invitaron a hacer muchas cosas, tenía total libertad para trabajar con imágenes y palabras, un lujo para mí.

Mariano.- ¿Cómo se hizo el libro?

Matilde. - Cuando le dije que quería algunos textos escritos a mano comenzamos casi un ritual: no podía ser cualquier bolígrafo ni tampoco cualquier papel (esto ya me encantaba). Los originales de aquellos textos, que me regaló, los guardo entre papeles de seda, con el mimo que merecen. El papel del libro se encargó expresamente y lo llamaron “Cabo de Gata”.

Mariano.- ¿Hay algo importante detrás de ello, una intención, una idea?

Matilde. - Claro que sí. Tenía que ser un libro en clave poética y el papel importaba mucho para lograrlo, renunciando a un papel de calidad fotográfica. Había una mirada poética del fotógrafo y a la vez, una mirada fotográfica del poeta, las miradas compartidas.

Mariano.- Después utilizas también ese tipo de papel para los libros de “La habitación secreta” y he visto pruebas en el estudio de fotografías de un color muy especial en un tipo de papel en el que las fotografías parecen pinturas.

Matilde. - Se desconceptualizan. Es como otro lenguaje dentro de las mismas fotografías.

Mariano.- En el libro de Valente están los grandes temas de toda la vida de Manolo, todo el trabajo que habéis hecho los dos en fotografía, está la sombra de las cosas, la duración de las cosas, la desaparición, también la aparición, la epifanía, está la transfiguración de la realidad... Es un libro que, a su vez, es la obra de Valente, las “miradas compartidas”.

Matilde. - Si, es que son las “miradas compartidas”

Mariano.- A pesar de todas esas cosas, de todo este tema de la desposesión, la sombra, la desaparición, todo eso, yo personalmente tengo un recuerdo muy vivo de la risa, incluso de la carcajada de Manolo como algo que definía muy bien su manera de estar ante la realidad. A veces era provocadora.

Matilde. - Crítica, irónica, era una carcajada con muchos registros.

Mariano.- Tú antes has utilizado una expresión que también tenía, al mismo tiempo, algo de lobo estepario

Matilde. - Él se definía a sí mismo como un lobo estepario. Alberto Shommer se identificaba con él por esto, decía que eran dos lobos esteparios. Creo que él tenía su propia definición. La descripción que hace Herman Hesse de lobo estepario no creo que tenga que ver con él, puede que alguna cosilla, pero solo eso.

Mariano.- Me has contado que ahora que estás sumergida, porque no se puede decir de otra manera, en la inmensa obra de Manolo. Han aparecido una cantidad extraordinaria de autorretratos.

Matilde. - Sí, son autorretratos que la mayoría de las veces los hacía para terminar un carrete y cambiarlo y, claro, como tantas otras veces que él me decía “yo ya hecho las fotos; ahora tú sabrás lo que haces con ellas”, y sé perfectamente lo que quiero hacer con los autorretratos.

Almería, julio de 2011


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