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DIRECCIÓN ÚNICA

El profesor Sergio Hinojosa inicia una colección de reflexiones sobre la imposición del pensamiento único, sus mecánicas, tácticas y estrategias. Como señala el profesor « nuestras sociedades occidentales ofrecen a sus “ciudadanos” un contexto de precariedad y emprendimiento, en el cual, el entramado de comunicación posee una idea de sujeto individualista, competitivo y a-político, derivada en gran medida de este ámbito cognitivo y de eficiencia tecnócrata de los modelos REDER para toda organización».

Sergio Hinojosa

Fases de este proceso

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7Neurociencias y Ciencias Cognitivas

Con la neurobiología se aterriza en el suelo de la infraestructura cognitiva. Es el nivel más concreto de estudio de la cognición, al menos así se la concibe. Su objeto son las estructuras neuronales y moleculares. Pero en su alcance experimental intenta llegar a un cielo más humano, al usar nociones del tipo “proceso mental” o “función mental” cuando aborda la “percepción” o la “memoria” y trata de encontrar el correspondiente sustrato bioquímico y neuronal.

Los fundadores de esta tendencia fueron Karl Lashley y Donald O. Hebb. Su punto de partida es tan legítimo como el de cualquier otra ciencia. Pues se planteaban un problema objetivo: ver qué hace diferentes a las neuronas, de tal suerte que generen un sistema inteligente. El problema es que el término “neuronas” se mueve en territorio bioquímico y el de “inteligencia” se desliza entre términos asociados con otro ámbito más etéreo. Otros problemas como el dequé relevancia tiene la localización de un conjunto neuronal, oqué papel cumple la plasticidad celular de la neurona, o qué alcance hay que conceder a la predeterminación genética siguen alimentando el cuerpo de este discurso. Por supuesto, se encuentra entre sus desvelos encontrar dónde situar labase neuronal que produce la cognición, y cuál es la naturaleza física de la conciencia.

La divulgación extiende esta concepción:

“La neurociencia aplicada es una disciplina que utiliza el conocimiento sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro para la solución de problemas prácticos. La neurociencia aplicada además se nutre de conocimientos que provienen de disciplinas clásicas como la psicología clínica, la rehabilitación neuropsicológica y la ergonomía. Actualmente, el campo de aplicación neurocientífica por excelencia es la clínica, donde se utilizan modernas técnicas de neurofeedback y neuroestimulación para el tratamiento de trastornos del sueño, dolor, tinnitus, epilepsia, trastorno obsesivo compulsivo, rehabilitación de lesión cerebral, etc.”

Y uno de los dispares ejemplos de éxito, que se presenta, reza así:

“El neurofeedback (también llamado EEG biofeedback) es una técnica terapéutica que consiste en informar al paciente de su propia actividad eléctrica cerebral (electroencefalograma – EEG) para que éste intente regularla de forma voluntaria en la dirección indicada por el terapeuta. El neurofeedback está logrando buenos resultados en el tratamiento del trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Tras múltiples sesiones de entrenamiento, el paciente hiperactivo aprende tanto a reducir el anómalo exceso de ritmos cerebrales lentos, como a incrementar su déficit en actividad rítmica cerebral de rápida frecuencia, lo cual revierte en una reducción de los síntomas comparable a la que produce la medicación con psicoestimulantes (Butnik, 2005)”. 1

Sin embargo, con relación a los progresos en de las neurociencias en cuanto a tratamientos con pacientes, cabría ser derrotista a tenor de las declaraciones de Allen Frances (EE UU, 1942), coordinador del DSM, quien encabezaba la denuncia de la nueva versión del DSM 5, aparecida en 2013 y que generó una gran polémica, con una rotunda afirmación: “Ningún logro de la neurociencia ha ayudado todavía a un solo paciente”. Y se extendía en aclarar el fraude del diagnóstico del TDH, que ya todos sabemos, menos quienes lo manejan como criterio en el día a día institucional: “Antes –afirmaba-había un 3% de población afectada. La previsión del DSM-IV, cuidadosamente elaborada, preveía cambios que provocarían un incremento de tan solo el 15% pero ahora un 30% de nuestros estudiantes universitarios y el 10% de nuestros alumnos toman medicación para el TDAH. Si yo hubiese escrito el DSM-5 me habría preguntado si tal incremento tiene sentido. La gente no cambia, la naturaleza humana es la misma. Lo que varía son las etiquetas.

El manual debería advertir sobre el peligro de sobrediagnosticar, pero la nueva edición amplió las definiciones para que se pueda tratar con mayor rapidez a más gente. En lugar de curar un problema, lo agrava” 2 . De hecho, Leon Eisenberg hizo creer que el TDAH tenía causas genéticas. Pero meses antes de morir, confesó a la revista alemana Der Spiegel 3 , que lo que debería hacer un psiquiatra infantil es tratar de establecer las razones psicosociales que pueden provocar determinadas conductas, un proceso que lleva tiempo por lo que "prescribir una pastilla contra el TDAH es mucho más rápido". Además, pensaba, con ese diagnóstico el sentimiento de culpa de los padres desaparece de esa forma al pensar que el niño ha nacido así y el tratamiento con medicamentos es menos cuestionable. La psicóloga, de la universidad de Massachusetts Lisa Cosgrove desveló en un estudio de 2015 4 desveló a la opinión pública que, “de los 170 miembros del grupo que trabaja con el 'Manual de los trastornos mentales', el 56% tenía una o más relaciones financieras con empresas de la industria farmacéutica”. 5

En 1951, Lashley publicó un famoso artículo llamado "El problema del orden serial en el comportamiento", en el que señaló que el comportamiento secuencial complejo (es decir, en teoría de sistemas, un sistema en el que los valores de las salidas, en un momento dado, no dependen exclusivamente de los valores de las entradas en dicho momento, sino también dependen del estado anterior o estado interno; en comportamiento, es claro, que tocar una pieza en el piano no es una reacción a los estímulos que los dedos van recibiendo de roce con las teclas) no podía ejecutarse mediante una respuesta que enviaba una señal propioceptiva ( conciencia de la posición de la mano) al cerebro que luego provocaría la siguiente respuesta en la secuencia: simplemente no había tiempo suficiente para que las señales neuronales viajaran hacia el cerebro y retrocedieran. De ahí dedujo que el comportamiento debía estar controlado por un “programa central” (metáfora del ordenador), jerárquicamente organizado. Esta visión guió el estudio del comportamiento motor desde entonces, e influyó en la crítica de Noam Chomsky a la teoría del lenguaje de Skinner, alimentando el desarrollo de la teoría generativa de Chomsky.

Sobre la validez de tal metáfora hay que hacer una observación: a la máquina lógica no se le supone sujeto… al menos hasta ahora.

Uno de los padres de la neurociencia, Hebb formuló otro principio importante para la teoría cognitiva, según el cual se produce ciertos ensamblajes entre neuronas, cierta facilitación de la respuesta.

“Cuando el axón de una célula A está lo suficientemente cerca de una célula B como para excitarla y participa repetida o persistentemente en su disparo, ocurre algún proceso de crecimiento o cambio metabólico, en una o ambas células, de tal modo que la eficacia de A en disparar a B se ve aumentada”. Así, pues, si “El cerebro elabora recuerdos intensificando los apareamientos entre las neuronas que disparan de forma concurrente y, dado que la conexión entre neuronas se hace a través de las sinapsis, es razonable suponer que cualquier cambio que pueda tener lugar durante el aprendizaje deberá producirse en ellas. Hebb sostenía la teoría de que aumentaba el área de la unión sináptica. Teorías más recientes afirman que el responsable es un incremento de la velocidad con que se libera el neurotransmisor en la célula presináptica. Así, los procesos cognitivos se explicarían mediante la existencia de estos ensambles neuronales ”. “¿Cómo guardamos un objeto en la mente? ¿Cómo persisten los disparos neuronales en una red distribuida aun en ausencia de entradas sensoriales? Hebb sugirió que la activación sostenida en un sistema distribuido es mantenida por la actividad reverberante de circuitos neuronales recurrentes, llamados ensambles neuronales”. 6

Pero, pese a estos principios y a otros que tratan de conectar lo físico y lo mental, no parece suficiente para borrar del mapa toda otra concepción de lo humano y de las relaciones humanas que no pase por el filtro “científico”. Se sabe qué áreas afectadas quedan excitadas o inhibidas en el ámbito motor, en el campo de las sensaciones y en el de las percepciones, incluso se puede detectar mediante el electroencefalograma (EEG) qué grupos de neuronas del cerebro quedan excitadas o inhibidas en una gran parte de procesos más complejos, tales como entender algo, atender a algo o memorizar algo. Pero de poder registrar la transducción (conversión en señal eléctrica cualquier estimulo externo o interno) a explicar por qué alguien piensa lo que piensa o siente lo que siente hay un abismo.

A.R. Damasio reconocía al tratar la “sombra de la genética” en su obra de gran difusión El error de Descartes, que “el perfil impredecible 7 de las experiencias de cada individuo tiene algo que decir en el diseño del circuito (cerebral), tanto directa como indirectamente, a través de la reacción que desencadena en las circuiterías innatas, y las consecuencias que tales reacciones tienen en el proceso global de la conformación de los circuitos” 8 . Y en otro lugar define al yo como “un estado neurobiológico perpetuamente recreado”. Efectivamente esa imprevisibilidad de lo experimentado y de lo que alguien puede hacer o decir, nos lleva a otro tipo de apreciaciones a la hora saber o de barruntar, lo que podemos esperar de alguien en un determinado momento, y nos aconseja otras maneras menos artificiosas de abordar estos asuntos. La literatura está plagada de dramas y de situaciones sugerentes en este sentido, muchas veces más acertadas, que los meticulosos seguimientos neuronales y estadísticos de la conducta humana.

4 C. LÉVI-STRAUSS, Antropología estructural. Ed. Paidós. Barcelona. 1995. p. 301.

9 COSGROVE, L. Psychiatry Under the Influence: Institutional Corruption, Social Injury, and Prescriptions for Reform 2015th Edition

6 CODIFICACIÓN DE ESTADOS FUNCIONALES EN REDES NEURONALES BIOLÓGICAS, Luis Carrillo-Reid* y José Bargas Depto. de Biofísica, Instituto de Fisiología Celular, UNAM. Ciudad Universitaria,

C.P. 04510, México, D.F. E-mails: *carrillo@ifc.unam.mx, **jbargas@ifc.unam.mxD.R. © TIP Revista Especializada en Ciencias Químico-Biológicas, 11(1):52-59, 2008

7 Otro reconocimiento de lo irreductible del sujeto, ahora no tratado como resto, sino como “perfil impredecible”.

8 A.R. DAMASIO, El error de Descartes. Ed. Crítica, Barcelona 1996. P.112

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