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DIRECCIÓN ÚNICA

El profesor Sergio Hinojosa inicia una colección de reflexiones sobre la imposición del pensamiento único, sus mecánicas, tácticas y estrategias. Como señala el profesor « nuestras sociedades occidentales ofrecen a sus “ciudadanos” un contexto de precariedad y emprendimiento, en el cual, el entramado de comunicación posee una idea de sujeto individualista, competitivo y a-político, derivada en gran medida de este ámbito cognitivo y de eficiencia tecnócrata de los modelos REDER para toda organización».

Sergio Hinojosa

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5Lingüística Cognitiva

La lingüística también hizo su aportación a la amalgama. Los trabajos de Noam Chomsky en el MIT habían preparado el terreno. Se hizo significativa su aportación, en especial por su artículo crítico con el conductismo “A review of B. F. Skinner’s Verbal Behavior”, en el que había propuesto la idea de una base innata para una “gramática universal”. Esa idea implicaba una generalización de esquemas con sustrato psicológico para la adquisición del lenguaje y, por tanto, para el conocimiento. Las reglas de transformación se hacían pues comunes a la computación, la psicología y la lingüística.

El enorme conjunto de corrientes y teorías lingüísticas de principios del XX, con sus innumerables aportaciones empíricas, condujo a un formalismo que buscaba en la matemática el instrumento para ordenar y axiomatizar la ingente cantidad de datos aportados por las investigaciones. Chomsky había postulado la necesidad de un conjunto de reglas o mecanismos cognitivos detallados, capaces de detectar las diferentes posibilidades de construcción de una frase y las relaciones sintácticas entre las distintas familias de frases. Y creía y cree que estos mecanismos y reglas, usados inconscientemente por el hablante, pueden ser descritos y modelizados por el lingüista bajo un formalismo de funciones y variables. Dicho de otro modo, cree estar, no ante una disciplina tecnificada, sino ante una ciencia del lenguaje. Para ello, naturalmente la matemática le es imprescindible. La lingüística confluía en su aspiración con la ciencia, y reunía las mismas metas de la psicología cognitiva: describir las reglas transformacionales de los objetos mentales, que definen y limitan las diferentes actividades del razonamiento.

Pero hay un aspecto singular que desdice esta vocación. El acto de habla, localizado por Saussure, y retomado más tarde en otra perspectiva por J. Lacan, introduce elementos difícilmente asimilables por las reglas transformacionales, puesto que dichos elementos, por aludir al sujeto, cuestionan la síntesis que está a la base del cognitivismo psicológico y lingüístico. Pues, aunque el propio Chomsky propusiera la noción de “competencia lingüística” como el conocimiento natural práctico del hablante, y la de “actuación lingüística” como “manifestación” de dicha competencia, no deja de ser una abstracción, y no puede explicar realmente el “acto del habla”. O dicho de otro modo, puede introducir una lógica, que incluye los modos del sujeto del enunciado, pero nada puede decir sobre el acto de la enunciación y el sujeto-causa que supone todo hablante, en el interlocutor.

La base del análisis chomskiano supone en la oración dos niveles de representación; uno, que remite a una estructura profunda y que aportaría la representación directa del contenido semántico de la oración, y otro, más superficial, de carácter fonológico, que se asocia al profundo. Y en esa relación de niveles, entre el nivel de significación y el de la reproducción fonológica, se introduce ciertas reglas o transformaciones. Más tarde, globalizada la dominancia del pensamiento técnico, modificará estas categorías y las cambiará por otras -con siglas para facilitar su “cientificidad”- para separar el plano de la representación como forma lógica (LF) y como forma fonética (PF).

La gramática transformacional cognitiva viene a describir las “habilidades” cognitivo-lingüísticas del cerebro (aparece aquí el sujeto bizarro de la enunciación) y, por tanto, trata de explicar tanto la adquisición del lenguaje como el conocimiento tácito o inconsciente del hablante en su adquisición y desarrollo. Supone además, que gran parte de estas capacidades son comunes a los hablantes de todas las lenguas y están de algún modo codificadas genéticamente (no demostrado). De este modo, se trataría de explicar el aprendizaje natural de las distintas lenguas. En el fondo, su objeto sería la forma de funcionamiento del lenguaje, independientemente de cualquier particularidad que pueda deslizarse en el tropiezo, en la ocurrencia, en el chiste o, simplemente, en cualquier forma de enunciación que implique la emergencia imprevista del deseo, de la identificación o del compromiso simbólico. Un fluir ideal y mecánico, con permutaciones, desplazamientos, transformaciones, etc., pero sin el aliento del sujeto. En fin, quedaría al margen todo lo relativo al sujeto como tal y quedaría igualmente desatendida aquella palabra comprometida, que está en juego en las relaciones más significativas de la amistad, de la confianza, del amor o, por otra parte, de la ruptura del pacto, de los sentimientos negativos, etc. En definitiva, en este pragmatismo, la palabra como efecto fundamental en la relación social quedaría desoída.

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