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De tu querida presencia

Los Evangelistas reconquistan Graná

JESÚS PALOMO

Homenaje a Enrique Morente, de Los Evangelistas, ahonda en la dimensión del gran cantaor granadino y la larga sombra de su influencia, la de quien experimentaba y desmentía los volubles y caprichosos límites, las fronteras de conveniencia que los flamencólicos trazaron en el amplio campo del flamenco.



En Graná hay una línea mágica que parte desde el Cerro de Palomares en el Albayzín y sube serpenteando hasta El Fargue y que -cosas de la magia- acaba descansando en la Chana. En su singular trayecto han anidado lagartijas y se han creado planetas a la sombra de la fuente del Maestro. La última estación en este ya largo peregrinar de los discípulos rockeros por sendas morentianas se llama Homenaje a Enrique Morente y lo firman Los Evangelistas, nombre que han tomado en esta ocasión Jota, Florent, Eric y Antonio Arias para rendir cuentas con la tradición y mostrar su más sentido agradecimiento por el legado del genio granadino.

Conviene señalar que este redondo y bien facturado trabajo, sin duda alguna candidato a figurar en las habituales listas de mejor disco nacional del año o incluso de la década, es la consecuencia lógica del viaje que iniciaron hace ya un tiempo los miembros de las dos bandas señeras de Granada, Los Planetas y Lagartija Nick, en su búsqueda interior de las raíces del granadinismo del bueno. A estos chicos les interesa –y les duele- mucho su tierra; con un claro deje lorquiano, Jota se lamentaba de la cara oculta de Granada preguntándose “qué se puede esperar de una ciudad que entierra sus ríos y mata a sus poetas”. Tenía que llegar, pues, el día del gran encuentro, el reconocimiento postrero en forma de versiones del cantaor albaicinero; para este trabajo, Los Evangelistas han contado con el beneplácito de la familia de Morente además de con su más directa colaboración (Soleá, hija menor de la saga, pone su voz, dulce y tremenda, en La Estrella y en Yo, poeta decadente, mientras que Aurora Carbonell firma el diseño de la portada).

Habrá que estar de acuerdo con Jota y afirmar que Homenaje a Enrique Morente está más en la línea de Una ópera egipcia, último trabajo de Los Planetas, que en el seminal Omega, con Lagartija Nick, por mucho que este último fuera una experiencia única, fruto de una colaboración impensable hasta entonces y tocada por una inspiración irrepetible. Homenaje a Enrique Morente es, mal que pueda pesar a muchos, un disco de auténtico material flamenco donde los instrumentos eléctricos están al fiel servicio de la tradición. La presencia de Morente es casi física y el respeto y reverencia que muestra la banda llega por momentos a sobrecoger.

Quizás pensando en cómo el propio Enrique habría gestionado semejante empresa, Los Evangelistas no han seguido lo que podría resultar más obvio y han basado el grueso de sus versiones en los discos Despegando, Sacromonte y Cruz y Luna. Tan sólo hay una composición propia, El Loco, fruto según Antonio Arias del impagable tiempo compartido con el Maestro.

Homenaje es, no podía ser de otra forma, coherente en su discurso y sumamente fluido; habrá seguramente oyentes entre las filas más indies a quienes la espesura y la hondura se les hagan por momentos algo parecido a una salmodia monocorde, pero pocos podrán escapar a la extrema emoción con la que Carmen Linares templa y manda en la seguiriya Delante de mi madre, del mismo modo que resulta difícil no admirar la melancólica deconstrucción que teje Jota en las Alegrías de Morente. Según Eric, no podía faltar En un sueño viniste, del álbum Aunque es de noche, y ciertamente el grupo se empeña en darle toda la razón; dirigido por la voz de Arias, este corte es un momento culminante del disco, da la sensación de que aquí se funden todas las sinergias creativas y el todo supera con creces a la suma de las partes. Este evangélico homenaje se cierra con Donde pones el alma; aquí la banda se despoja en parte de la gravedad de la tarea y se suelta con una vena algo más juguetona, descargando intrincadas espirales marca de la casa.

Saludemos, pues, este nuevo alegato meridional a cargo de un grupo de músicos en un estupendo estado de forma y de madurez creativas. Y agradezcamos esta colaboración para que la querida presencia del ronco del Albayzín sea siempre con nosotros. Amén.

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