AVISO Y RECOMENDACIÓN

Su navegador web (Internet Explorer 6) está obsoleto lo cual puede provocar que ciertos elementos se muestren descolocados o no se carguen correctamente. Además, tampoco podrá ver bien, populares webs como Youtube o Facebook, entre otras muchas.

Le recomendamos actualizar su navegador aquí o instalarse otros fantásticos nevagadores gratuitos como Firefox o Chrome.

Ah, y no olvide guardar nuestra web en favoritos! Muchas gracias :)

Pietro Ingrao

Pietro Ingrao fue una de las figuras más destacadas de la izquierda europea en el siglo XX. Ese siglo recorrió su longeva vida, pues murió centenario en 2015. Olvidos.es rinde homenaje al polÌtico italiano recuperando dos artículos publicados en la revista La fábrica del Sur en 1989 y 1990, traducidos en su momento por Mariano Maresca. en estos artÌculos, Ingrao reflexiona sobre temas que -pasados casi treinta años- siguen vigentes: las relaciones norte sur, la explotación y la inmigración.

En este pequeño homenaje no podíamos soslayar su actividad poética, para ello hemos invitado a los poetas Daniel Cundari y Andrea Perciaccante a que eligiesen algunos poemas de Ingrao y los tradujesen al castellano.

Las fotografías que ilustran este homenaje han sido extraídas del Archivo Pietro Ingrao ubicado en http://www.centroriformastato.it.

EL SUR. PIETRO INGRAO.

LA FÁBRICA DEL SUR, 1989

Trad. Mariano Maresca

Si pienso en la idea del Sur -en lo que esta palabra significa hoy en el sentir de millones, quizás miles de millones de personas- tengo la impresión de asistir a un vuelco, o a la emergencia de algo.

Hubo todo un siglo, el dieciocho -pero también antes (Goethe) y después (Gauguin, Lawrence)- en el que el Sur aparecía como el lugar de una fisicidad y de un saber incontaminados, de una calma y de una pasión que iban unidas, de un carácter indomable del ser que se distendía en su fluir, incluso hasta el final trágico, pero siempre en ruptura con un artificio impuesto a la vida. El Sur era violeta. Un color denso. Pero también era arquitecturas desnudas, horizontales, sin vértices, sin vértigos.

Nací en un pueblo que no está exactamente en el Mezzogiorno, pero que era Sur porque era mundo campesino. Ya en mi juventud la idea del Sur había sufrido una dislocación. Este cambio de imagen tenía sus raíces en la rebelión campesina: marea de revueltas, espuma que acompañaba el áspero avanzar del mundo industrial moderno. De un modo u otro, con los libros, los relatos y las historias y con las imágenes de este mar campesino, el tema del Sur volvía, pero marcado ya para siempre por una connotación de sufrimiento y de opresión. Al principio de los años treinta, el Sur siempre era para mí y para otros –que luego seríamos arrastrados por las guerras atroces que partieron el mundo en dos- el lugar de una injusticia. Pero parecía como si la sangre, el sufrimiento, las muertes, las derrotas tuvieran que venir siempre envueltas en aquellos gritos de colores extremos, absolutos, en aquel azul, en aquel violeta. Y tampoco los caídos, los sacrificios, las debilidades, las aflicciones podían ser separadas de aquella luminosidad incorruptible. Antes bien, en aquella luz la sangre era sangre; y no parecía posible mistificarla.

Hoy creo que todo esto realmente ha desaparecido. La palabra "Sur" se ha ensanchado en el vocabulario cotidiano. Quizás no haya ni un día ni una hora en que no oigamos pronunciar esta palabra. La realidad a que alude se ha hecho enorme. En el fondo, antes, en mi juventud (e incluso antes), Sur era el Sur de Europa, era el Mediterráneo, Grecia, o el primer confín de Oriente; o simplemente las islas del Sur, mares del Sur como los de Stevenson.

Ahora, el Sur hace añicos la vieja pupila eurocéntrica. Ya no hay un confín al Sur. Es la mayoría del planeta. En nuestra mente cambia, por tanto, su dimensión. Cambia su rostro. El Sur de antes parecía poseer unas medidas propias, confines. Ahora parece difícil medirlo: decimos que dos tercios o tres cuartos del género humano son Sur.

Y ya no es una tierra fija, intacta. Se desborda. Emigra. Invade. Europa, antes, iba al Sur: como para evadirse de sí. Hoy, Europa está insegura: tanto es así que algunos ya intentan o sueñan con acotar recintos: regímenes de apartheid y culturas racistas.

El Sur, hoy, viene del Norte. No es ya una lejanía intacta: es hervidero, amalgama. ¡Cuidado con infravalorar los odios terribles que este nuevo contacto entre Norte y Sur puede desencadenar! Antes, el Norte, Occidente ''dosificaba" las cantidades de Sur admitidas a su banquete; eran siempre cantidades sujetas con cadenas, fuesen éstas materiales o más sutiles. Hoy ya no parece posible "dosificar"; por lo menos, dentro de poco ya no será posible dosificar; pronto será así.

Antes, el Sur, incluso cuando era paupérrimo, se presentaba a los "blancos" europeos como una sutil armonía; quizás trágica, pero armonía. Hoy, el Sur es acusación: pregunta que acusa. Ya no hay armonía en su rostro: hay crispación. Cuando era joven aprendí y comprendí que en muchos lugares del Mezzogiorno había hambre. Pero en mis pensamientos usaba la palabra "pobreza", que siempre parecía implicar una medida. Hoy se trata de un hambre distinta, porque se produce delante y en medio de la opulencia, porque emigra del campo y de la aldea y encoge los estómagos en las megalópolis descoyuntadas y sacudidas por diez, veinte millones de habitantes.

Y ''Sur" ya no es estar en una dimensión definida, reconocible, aunque sea flaca, descarnada, sino que es emigrar material e interiormente, mudarse a otras tierras y entrar en costumbres, lenguas, leyes violentamente diferentes. No pienso sólo en los millones de clandestinos que cruzan incesantemente las fronteras de los Estados Unidos o de Europa. Pienso en otros muchos –en África, en Asia, en Sudamérica- que no pueden pensar su vida como un estar en la propia tierra y que -aunque ellos no lo piensen así- se han convertido interiormente en emigrantes. Y no como los emigrantes de mi pueblo que, hace un siglo, iban a un lugar, América, haciendo la cuenta de la forma y el momento de la vuelta, teniendo una patria definida a sus espaldas. ¿Cuántos pueden hoy en el Sur del mundo decir ''esta es mi patria segura de la que me voy a la que volveré''?

Por tanto, un Sur distinto del que ya no podemos separarnos. Estamos mezclados con él. De ahí que resulte necio el orgullo con el que todavía intentamos poner barreras e increíble que no sepamos decir desde ahora a nuestros hijos y a nuestros nietos que está sucediendo esa mezcla; y la ciudad sigue extendiéndose, los nombres de las calles ya no bastan, las periferias están en el centro. Redefinir un tejido, un plano de esta ciudad humana -si lo conseguimos- debemos hacerlo juntos. So pena de exterminios.

Sin embargo, este Sur dislocado, este Sur enorme, disarmónico, guarda dentro de sí lenguas, culturas, costumbres, como un mar todavía inexplorado. La frontera enjoyada de Occidente es sólo una frontera: y hoy comenzamos a entrever más allá. En una ocasión, los occidentales descubrimos no sólo la belleza, sino también la compleja multiformidad del arte africano: y muchos de nosotros, que nos quedamos mudos ante esos lenguajes extraordinarios, apenas sabemos algo de los flujos internos, de las corrientes subterráneas, de los ciclos que los alimentaron. Confieso que, durante mucho tiempo, entendí el Sur como desorden, es decir, como irreductibilidad positiva que se resistía e incluso desquiciaba a las retículas del saber occidental. Mi corazón estaba con ese desorden, y sin embargo es cierto que no sabía reconstruir cuántos flujos de lenguajes y por tanto de normas había en aquel desorden. En cualquier caso~ percibía, percibo una alteridad. El Norte: los vértices de los rascacielos inmateriales. Y en otro lugar, de rodillas o en conflicto, el Sur.

Ahora me pregunto si es posible ver aún contrapuestos estos dos polos, Norte y Sur. Cuando menos, emerge clamorosamente a la luz el vínculo. Nosotros, Occidente, habíamos sojuzgado sanguinariamente tierras y gentes del Sur en las Américas, en Asia, en África. Las hicimos dependientes. Ahora estamos descubriendo que nosotros, Occidente, dependemos de los bosques de la Amazonia y del Sudeste asiático para nuestra vida, para el aire que respiramos. No sólo se han acortado las distancias, la relación es circular.

Me pregunto si para esta nueva geografía del mundo países como Italia y España, que han sido no tanto países de frontera como tierras de encuentro de civilizaciones, no tendrán una palabra singular que decir, algo que pueden decir mejor que otros. Y ser puente. Pero la palabra puente no me convence mucho: puente es transición. Quizás habría que decir enlace. De las amalgamas del pasado, entre los muchos y distintos que se asomaban a las aguas del Mediterráneo, brotaron en un tiempo injertos y florescencias de civilizaciones nuevas, hibridadas. y por tanto polimórficas, no catalogables en los ficheros. ¿No es quizás el momento de mirar al Sur con esta memoria?

QUERIDOS BLANCOS: LOS INVASORES SOMOS NOSOTROS

PIETRO INGRAO

L´UNITÁ, 1989

LA FÁBRICA DEL SUR, 1990
Traducción: Mariano Maresca

Hay un racismo abierto, brutal que se manifiesta en seguida. Hay otro sutil, latente, podríamos decir "moderado", pero quizás más extendido y por eso más insidioso. Lo captamos en esa pregunta tan frecuente que oímos en el autobús, por la calle, en las tiendas, ante el inmigrado que pasa: "¿Qué quieren? ¿Qué han venido a hacer aquí?". Yo digo que en esta pregunta hay una falsificación de los hechos históricos. No son ellos los que nos "invaden" . Somos nosotros los que los hemos invadido, desde los tiempos de Colón. Desembarcamos allí y los ocupamos. Levantamos nuestras plantaciones y llevamos los esclavos negros encadenados. Y construimos imperios en sus tierras. Todavía hace sólo treinta años que dos Estados de la civilizadísima Europa mandaron sus acorazados a Suez para intentar volver a imponer su dominio. ¡La liberación de Argelia fue hace apenas dos decenios! E incluso cuando acabó la ocupación política de continentes enteros, durante años hemos rapiñado su petróleo casi a coste cero; y además de rebuscar en su subsuelo, hemos saqueado sus bosques, les hemos vendido dinero a precio de usura y les hemos hecho pagar a un precio altísimo nuestra modernización. Todo ello quemando y arrasando costumbres, culturas, paisajes. Todavía hoy existe un país compuesto en su inmensa mayoría por "negros" y gobernado sólo por blancos.

Hemos vendido armas a países del tercer mundo para atizar guerras y dividirlos, y de paso ganar buenos cuartos con las guerras.

Somos nosotros, por tanto, quienes los hemos obligado a venir, empujados por la necesidad. ¿No es entonces ridículo preguntarse por qué vienen? Ya ni siquiera se tiene en pie el discurso de la "civilización", es decir, de la lenta (y progresiva) homologación con el modelo de desarrollo de la civilización occidental. Lo han dicho nuestros científicos: la extensión de este modelo energético y de consumo a todo el planeta no es sostenible, la madre tierra no lo soporta.

¿Y no es curiosa tanta cólera porque estos "extranjeros" crucen nuestras fronteras? ¿Quién sino nosotros -occidente, América- ha inventado el mito

de la frontera que está cada vez más lejos? ¿Y quién ha cantado y canta ese mito todos los días con la secuela infinita del film que de madrugada, a la hora del almuerzo, en el desayuno nos cuenta la epopeya del cowboy que cabalga "más allá de la frontera"?

Así pues, las fronteras las hemos destrozado nosotros los europeos, los occidentales. Por lo demás, ¿cuánta riqueza alemana se ha hecho en esta segunda mitad del siglo con el sudor de los turcos inmigrados? ¿Realmente estamos pensando ahora, después de haberlos desarraigado y obligado a venir, en subir el puente levadizo de nuestras ciudades y cerrar las puertas? ¿O en construir nuevos guetos, reservas especiales?

¿Para cuántos? Y sobre todo ¿por cuánto tiempo?

Pues el camino del racismo, de los guetos, como también el del numerus clausus no sólo es inmoral y absurdo, sino a la postre impracticable. Y sin una respuesta abierta a este nuevo "evento" que nosotros hemos provocado no tendremos paz: ni en el cuerpo ni en el alma.

No tendremos la paz del cuerpo -por decirlo así- porque estos otros desembarcarán igual, y si desembarcan clandestinamente será peor; porque si no van a tener derechos, serán usados en el mercado de los braceros y de los servicios de precio más bajo. Y habrá zonas donde se desencadenará la "guerra entre los pobres"; y habrá suburbios, chabolas, estaciones en los que la desesperación de estos " sin derechos" y "sin ciudadanía" los empujará al acto violento o los entregará a los narcotraficantes apostados en la esquina.

Y menos paz tendremos en el alma, porque estos "clandestinos", "guetizados", "marginados" serán el espejo de nuestra violencia, de nuestra prevaricación y de toda la sangre de que están manchados nuestros códigos morales. Y entonces, para aplacar nuestra mala conciencia, vendrá realmente el riesgo del retorno público del racismo, también frente a los terroni*, que también son sur.

Esta historia mi generación la conoció en su propia piel, cuando se declaraba "enemigos" primero a los judíos y luego a los que no se declaraban enemigos de los judíos. La cadena infame. Pienso, sin embargo, que no bastará con decir "yo no seré racista" o "yo diré no". Es preciso saber que ante lo que está empezando a ocurrir deberemos cambiar nuestras reglas y nuestras formas de agregación, y por tanto a nosotros mismos. Me parece evidente que deberá cambiar el sindicato, no sólo abriendo sus filas, sino precisamente cambiando con ese fin la trama de sus reivindicaciones. ¿No estamos ya, por lo demás, cambiando nosotros, partido comunista, cuando llevamos como candidata en la lista romana a Halina Mohamed Nur? ¿Y no se está ampliando ya nuestra plataforma de propuestas, esto es, nuestra actuación política?

La misma cuestión de los derechos se amplía y se complica, porque habrá que plantear nuevas paridades, pero también nuevas diferencias. Tendremos que repensar el sistema escolar, por lo menos aprendiendo de las dolorosas experiencias de nuestros grupos de emigrados, por ejemplo en Alemania. Y deberemos plantearnos el problema de la ampliación del voto. Por " provisionales", "clandestinos" o "chabolistas'' que puedan ser, estos desembarcados en nuestras tierras están entrando ya en la vida de nuestras instituciones. Y esto no lo lograremos sin modificar nuestra cultura, lo cual significa, antes que nada, conocer y conocerse.

Digamos la verdad. Hoy, a estos inmigrados, nosotros los conocemos sólo como "astillas" en movimiento, "trozos" de un mundo oscuro, fragmentos "de color".

Incluso en esta época de la velocidad de la información, África, por ejemplo, es para muchos de nosotros oscura, o por lo menos un continente espeso de pesadas sombras, o un lugar de vacaciones. Ni siquiera conocemos bien los nombres de los Estados africanos. Y eso que de África ya sabemos mucho: por lo menos ha llegado el sonido de su música, o de su danza, o "astillas" de sus extraordinarias esculturas. Pero ¿qué son para nosotros las Filipinas, o las islas de Cabo Verde? Por eso estos inmigrados nos resultan anónimos, definidos sólo por el color de su piel; por eso nos resultan tan oscuros, extraños y amenazadores.

Y sin embargo, si no queremos quedarnos en algunas "concesiones" (o en el mejor de los casos, en la asistencia o la caridad), debemos reconocerlos: conocer su historia y la razón última de su desembarco entre nosotros, de su "viaje".

Llega a ser verdadero "sujeto de derechos" quien es reconocido en su historia, en su "igualdad-diversidad", en su posible futuro; pues sólo así el derecho no es concesión en precario y puede convertirse en derecho- poder.

Sólo este conocimiento-comprensión puede descubrir y hacer entender la posible riqueza de esta diversidad. No alejaremos realmente el riesgo de la infección racista si no comprendemos, si no reconocemos la autonomía y la posible riqueza de esa alteridad, de eso que en la calle nos parece "extranjero"; algo que no sé y no tengo (y que como soy hoy no puedo tener) y que, desde el momento en que interviene en mi vida me modifica y me puede enriquecer.

Cierto: razonar así significa ir más allá del horizonte de la " justicia" o de una "decencia" humana con la que se espera tranquilizar la conciencia. Va más allá de asegurar un techo (y no una chabola o un dormitorio), un salario contratado (y no el mercado negro de los braceros). Significa meterse en la cabeza que defender el derecho de estos "extranjeros" es defender mejor (y ampliar) también los derechos y los poderes de los "indígenas" italianos, y ampliar el radio de nuestras posibilidades de comunicación social y humana.

Y no basta - me parece- que hagamos un esfuerzo para hacer conocer el patrimonio de competencias, profesionalidad y estudios que llevan consigo muchos de estos inmigrados, que normalmente desechamos con la imagen tan extendida y tan sumaria del vù 'cumprà?**. Debemos sacar a la luz el trasfondo histórico y las potencialidades -también para nosotros- que hay, sofocadas y sepultadas, en esa "debilidad", tan herida, del inmigrado arrojado al mercado occidental de los braceros más baratos y sin derechos.

Es un tema que va más allá de la cuestión incluso de la "gente de color". Habría que ver si no debemos cambiar algo en el paradigma, el criterio, la medida de evaluación (pero la palabra "medida" lleva siempre a un cálculo meramente cuantitativo) con que miramos a tantas "debilidades" que, si leyéramos desde otro ángulo y extendiéndolas a otros horizontes, podrían resultar llenas de nuevas riquezas.

Baste pensar en lo que puede significar para la vida de este planeta una insurrección del tercer mundo, una salida de sus sufrimientos y agregaciones actuales.

Habremos vencido verdaderamente al racismo cuando a estos inmigrados, "extranjeros", " sin rostro", los llamemos por su nombre, los reconozcamos en su potencialidad de riqueza humana: los reconoceremos, en suma, porque nos dan, y no es pensable un futuro sostenible de este planeta sin la salida del tercer mundo de su subalternidad.

Y multietnicidad, pluriciudadanía, no significan pérdida de la memoria, dispersión en lo indistinto y lo anónimo, sino convivir y caminar e incluso confrontarse y hasta pelear con "otros nombres", en esta batalla que dura toda la vida y en la que siempre buscamos tener un nombre.

Apenas nacemos, nos bautizan y nos inscriben en el registro; y esto nos dice de inmediato cómo cada uno de nosotros es arrojado desde el primer minuto a una trama de relaciones.

Pero ese es siempre un nombre que nos ponen, aunque sea nuestro padre o nuestra madre el que nos lo pone. Y en el fondo la vida parece eso: búsqueda, construcción --en la relación con los otros- de nuestro verdadero nombre: incierto, inseguro, siempre por encontrar.

* Expresión despectiva utilizada para designar a los hombres del sur, equivalente -en cierta medida- a "catetos".

** Transcripción fonética de Vuoi comprare?, según lo dice el " negro" al ofrecer su mercancía.

Poemas

II.

Enorme il filo ci raggomitola ora carne vicino a carne fino a stringere l’ultimo
metterci in cammino oltre l’Antartide
là dove sporge
non sappiamo dove
nati in cieli ormai senza ombre
o precipitati senza cielo
com’è.

II.

Enorme ahora el hilo nos ovilla carne con carne hasta ceňir al extremo
ponernos en marcha más allá de la Antártica
allá donde aparece
no sabemos donde
brotando en cielos ya sin sombras
o precipitados sin cielo
como es.

V

Tuo cuore, macchina,
dove conduce,
stilla dopo stilla
stiamo scoprendo. Né ci basta
immaginazione
d’universo.

V.

Tu corazón, máquina,
adonde lleva,
gota a gota
estamos descubriendo.
No nos basta
la imaginación
del universo.

XII

Pensammo una torre.
Scavammo nella polvere.

XII.

Imaginamos una torre.
Excavamos en el polvo.

XV

E muto ogni volta
tendo la mano.
Come se tu,
sventura,
fossi la vita.

XV.

Y mudo cada vez
tiendo mi mano.
Como si tú,
desventura,
fueras la vida.

XVI

Uno che scompare è volo
che traspare da vetri.
Uno che scompare è tutto.

XVI.

Quien desaparece es vuelo
entre cristales.
Quien desaparece lo es todo.

XXV

Forme sorsero
attorno, al di sopra.
Le nominammo Stato. Insieme
uniamo le mani.
Giuriamo.
Come se da sempre,
culla e prigione,
fuori di noi esista.

XXV.

Figuras surgieron
alrededores, más arriba.
Lo nombramos Estado.
Juntos unimos las manos.
Juramos.
Como si desde siempre,
cuna y prisión,
fuera de nosotros existiera.

Traducción Daniel Cundari

L’alta febbre del fare, Arnoldo Mondadori Editore, 1994

OPERAIO

La stanza, il nitore, la penombra
della cifra: e solo leggere il quadrante:
come un prato.

E' tempo; e tutto è necessario.
Sono i calmi meriggi della merce. Tu
fletti naturalmente
nella misurata foresta della macchina.

OBRERO

La habitación, la nitidez, la penumbra
de las cifras: y solo leer la esfera:
como una pradera.

Es tiempo; y todo es necesario.
Son los tranquilos mediodías de las mercancias. Tú
naturalmente tuerces
en el mesurado bosque de la máquina.

EPPURE

Per gli incolori
che non hanno canto
neppure il grido,
per chi solo transita
senza nemmeno raccontare il suo respiro,
per i dispersi nelle tane, nei meandri
dove non c'è segno, né nido,
per gli oscurati dal sole altrui,
per la polvere
di cui non si può dire la storia,
per i non nati mai
perché non furono riconosciuti,
per le parole perdute nell'ansia
per gli inni che nessuno canta
essendo solo desiderio spento,
per le grandi solitudini che si affollano
i sentieri persi
gli occhi chiusi
i reclusi nelle carceri d'ombra
per gli innominati,
i semplici deserti:
fiume senza bandiere senza sponde
eppure eterno fiume dell'esistere.

SIN EMBARGO

Para los incoloros
que no tienen voz
ni siquiera el grito,
para quién solo pasa
sin revelar siquiera su respiración
para los desaparecidos en las madrigueras, en los meandros
donde no hay signo, ni guarida,
para los eclipsados por el sol ajeno,
para el polvo
de lo que no se puede contar su historia,
para los nunca nacidos
porque no los reconocieron,
por las palabras perdidas en la ansiedad
por los himnos que nadie canta
siendo solo deseo vencido
para las grandes soledades que atestan
los senderos perdidos
lo ojos cerrados
los reclusos en las cárceles de sombra
para los sin nombre,
los simples deshabitados:
río sin banderas sin orillas
sin embargo eterno rio de la existencia.


L'UNITA' 9 GENNAIO 2009

PER GAZA

Guarda:
vedi come ostinate
tornano dal cielo le bombe fiorenti, e furenti
calano sulle strade, spezzano corpi,
ardono case, testarde inseguono
gli stupiti fanciulli,
gridano
cantano l’inno alla morte
senza stancarsi mai…
Chi siete,
perché illuminate le notti,
insanguinate le vie:
perché siete in ansia
perché vi serve la strage degli innocenti
e forse disperate sull’esistere
tornare a cantare la gloria
dell’uccidere di massa,
affidate la pace alla morte… Voi
così senza speranza
se soltanto
l’assassinio di massa può assicurarvi la vita
e solo le maledizioni e le lacrime
possono difendervi.
E non vedete, non sperate
altra salvezza
per l’uomo e per il figlio dell’uomo
che la morte corale.
Voi che venite da un cammino di lagrime
e ora senza lume di tregua
seminate nuovo pianto innocente.
Da lontano
vi scrutiamo impotenti:
e null’altro sappiamo
che invocare da voi l’elemosina della pace.
Noi che veniamo da lotte di secoli
condotte per tutte le terre infinite di questo
globo rotondo
in cui dato a noi
fu di vivere,
e sembriamo ora
solo capaci
di educarci all’indifferenza.
O scrutare allibiti.

POR GAZA

Mira:
ves como obstinadas
vuelven desde el cielo las prósperas bombas, y furiosas
caen sobre las calle, parten los cuerpos,
queman las casas, testarudas persiguen
a los estúpidos niños,
gritan
cantan el himno a la muerte
sin cansarse...
Quiénes sois,
por qué alumbráis las noches,
ensangrentáis las calles:
por qué estáis tan ansiosos
por qué os sirve la matanza de los inocentes
y quizás desconfiáis de la existencia
volvéis a cantar la gloria
de aniquilar la masa
confiad la paz a la muerte... Vosotros
tan sin esperanza
si solo
el crimen en masa puede aseguraros la vida
y solo las maldiciones y las lágrimas
pueden defenderos.
Ciegos, sin esperanza
no hay otra salvación
para el hombre y el hijo del hombre
que la muerte coral.
Vosotros que venís por un camino de lágrimas
y ahora sin destello de tregua
sembrad nuevo llanto inocente.
Desde lejos
os escrudiñamos impotentes:
y nada más sabemos
si no invocar vuestra limosna de paz.
Nosotros que venimos desde luchas de siglos
guiadas por todas las tierras infinitas
de este globo redondo
en el que nos fue
concedido vivir,
y parecemos ahora
solo capaces
de educarnos en la indiferencia
o mirar desconcertados.

Traducción Andrea Perciccante

Pietro Ingrao nació en Lenola, en la Latina, el 30 de marzo de 1915. Entre 1934 y 1935 asistió como estudiante de dirección, en Roma, en el Centro Experimental de Cinematografía. En los años previos a la guerra se graduó en Derecho y Humanidades de la Universidad de Roma, donde entró en contacto con otros estudiantes antifascistas y, a través de ellos, con la organización clandestina del PCI. Entre 1942 y 1945 se oculta y trabaja entre Milán y Calabria. El 26 de Julio de 1943 coorganiza con Elio Vittorini, en Milán, el gran mitin de Porta Venezia.

Trabaja en la edición clandestina de l`Unitá en Milán. En 1944 se unió al comité clandestino de la federación romana del PCI. En 1947 fue nombrado director de l`Unitá, donde estuvo hasta 1956. En 1948 se unió al Comité Central del PCI y también fue elegido diputado por primera vez. Será reelegido durante diez períodos consecutivos hasta que, en el 92, pide no ser candidato.

En 1956 es elegido secretario del PCI, donde permaneció durante diez años. En el XI Congreso del PCI, en 1966, defiende el "derecho a disentir". En 1968 fue elegido presidente del grupo parlamentario comunista de la Cámara de Diputados. En 1975, fue nombrado presidente del CRS (Centro de Estudios e Iniciativas para la Reforma del Estado). El 5 de julio de 1976 fue elegido presidente de la Cámara de Diputados, y permanecerá en el cargo hasta 1979. En 1988, en el XIX Congreso del PCI, renunció al liderazgo nacional, pero volvió dos años más tarde, pues se opone al giro de Achille Occhetto que transformó el PCI en PDS. Opuesto a escisiones, en 1991 se incorporó al PDS como líder de los Demócratas comunistas. En el 93, en desacuerdo con el PDS abandonó el partido. En 1998 fundó con Rossana Rossanda, Luigi Pintor, Valentino Parlato, Fausto Bertinotti y Lucio Magri La rivista del Manifesto. Falleció en Roma en septiembre de 2015, a los cien años de edad.

(Extraído y traducido desde http://www.centroriformastato.it)

Andrea Perciaccante y Daniel Cundari

Añadir comentario

Enviar este artículo

Comentarios a "Pietro Ingrao"