Granada, ciudad de la poesía

Con motivo del Día de la Poesía presentamos una antología, una «antojología» podríamos decir, donde se han seleccionado diversos poemas textos y citas vinculadas a Granada, desde la época islámica hasta fecha reciente. Granada es una ciudad de sus poetas y que también ha calado en foráneos. El panorama era extenso, esta selección, escueta.

Granada es el Damasco de al-Andalus, pasto de los ojos, elevación de las almas. Tiene una alcazaba inexpugnable, de altos muros y edificios espléndidos. Se distingue por la peculiaridad de su río, que se reparte por sus casas, baños, zocos, molinos exteriores e interiores y jardines. Dios la ha adornado colocándola en lo alto de su extensa vega, donde los lingotes de plata de los arroyos se ramifican entre la esmeralda de los árboles. Todo en ella es nuevo y peregrino. No le faltan ilustres personajes, grandes sabios y eminentes poetas. Al-Saqundi (hacia 1232)
Granada es apta para el sueño y el ensueño, por todas partes limita con lo inefable… Granada será siempre más plástica que filosófica, más lírica que dramática. Federico García Lorca
Con qué pereza se va el sol de Granada, se esconde bajo el agua, se esconde en la Alhambra. Ernest Hemingway
Estoy pisando una tierra encantada y me encuentro rodeado de románticos recuerdos. Desde que en mi lejana infancia, a orillas del Hudson, recorrí por primera vez las páginas de la vieja y caballeresca historia de Granada, fue siempre esta ciudad objeto que despertó mis sueños; mi fantasía recorrió con frecuencia las románticas estancias de la Alhambra. Y he aquí, por vez primera, realizado un sueño; sin embargo, no doy crédito a mis sentidos y hasta dudo que habite el palacio de Boabdil o que contemple la hermosa Granada desde sus balcones. Washington Irving
Granada, al igual que Roma, ha sido para mí una de las ciudades más interesantes del mundo; un lugar donde creí poder echar raíces y, sin embargo, en ambas ciudades me sumí en un estado de ánimo de esos que los afortunados menos sensibles llamarían morboso. Hans Christian Andersen

Una mujer de mi rango no puede llorar
un amor de felonía.
Mis plañideras a sueldo
te llorarán por mí en el ocaso.
No me delatará mi garganta ya muerta,
ni podrá pronunciar nunca más tu nombre.
Las cantoras desmayarán las casidas
que bajo falso nombre te he escrito.
Enmohecidos laúdes se pudrirán de abandono
tras las celosía de los patios.
El ruiseñor de nuestros encuentros
será atravesado por flecha de mi ballesta.
Sólo la almohada de azahares
conocerá el amortiguado llanto
y la expiación de mi orgullo.
Quien te cantó entre los granados
es hoy mujer de zarza y ortiga,
por sus pezones rezuma
leche cuajada de adormidera.
¡Ay, qué muerte tan cuitada me diste!
¿Qué será de mí en las auroras
sin la brasa de tu piel
en el sepulcro frío mi lecho?
Por vestirme de luto me amenazan
por un amado que me han muerto con la espada.
¡Qué Dios tenga clemencia con quien sea
liberal con sus lágrimas,
o con quien llore por aquél que mataron sus rivales,
y que las nubes de la tarde,
con generosidad como la suya,
rieguen las tierras donde quiera que se vaya!

POEMA DE LA SALA DE DOS HERMANAS
Jardín yo soy que la belleza adorna:
sabrás mi ser si mi hermosura miras.
Por Mohamed, mi rey, a par me pongo
de lo más noble que será y ha sido.
Obra sublime, la fortuna quiere
que a todo monumento sobrepase.
¡Cuánto recreo aquí para los ojos!
Sus anhelos el noble aquí renueva.
Las Pléyades les sirven de amuleto;
la brisa la defiende con su magia.
Sin par luce una cúpula brillante,
de hermosuras patentes y escondidas.

Vivo sin vivir en mí
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.
En mí yo no vivo ya,
y sin Dios vivir no puedo;
pues sin él y sin mí quedo,
este vivir ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
pues mi misma vida espero,
muriendo porque no muero.
Esta vida que yo vivo
es privación de vivir;
y así, es continuo morir
hasta que viva contigo.
Oye, mi Dios, lo que digo:
que esta vida no la quiero,
que muero porque no muero.

Sucesión de alta rama,
el nardo que, eminente
primer rey escogido, ser pudiera
cetro galán del pueblo de las flores,
plateados olores
esparce en la que alcanza media esfera (…)
De noche escandaloso, aunque de día
Bizarreando, el azahar salía,
Mientras la madreselva enlazaba,
Suave se prendía,
Y el sitio con pastilla perfumaba (…)
(Fragmento, Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos, 1652)
“Piense Ud. señora, que Granada es el país más bello del mundo; piense que se aspira durante el día todos los perfumes que el sol roba al toronjil, a la violeta, a la rosa y a los jazmines siempre verdes y floridos, y durante la noche todo lo que un cielo azul constelado de millones de estrellas puede emanar frescor sobre la tierra… La verdad, señora, empiezo a pensar que hay un placer todavía mayor que el de ver Granada. Y es… el de volverla a ver”.

Oriental
Dueña de la negra toca,
la del morado monjil,
por un beso de tu boca
diera a Granada Boabdil.
Diera la lanza mejor
del Zenete más bizarro,
y con su fresco verdor
toda una orilla del Darro.
(…)
Dueña de la negra toca,
por un beso de tu boca
diera un reino Boabdil;
y yo por ello, cristiana,
te diera de buena gana
mil cielos, si fueran mil.

Gacela de la raíz amarga
Hay una raíz amarga
y un mundo de mil terrazas.
Ni la mano más pequeña
quiebra la puerta de agua.
¿Dónde vas? ¿adónde? ¿dónde?
Hay un cielo de mil ventanas
?batalla de abejas lívidas?
y hay una raíz amarga.
Amarga.
Duele en la planta del pie,
el interior de la cara
y duele en el tronco fresco
de noche recién cortada.
¡Amor! Enemigo mío
¡muerde tu raíz amarga!
(De Diván del Tamarit, 1940)

Las ventanas iluminadas
Se abren y se cierran las estrellas,
y la calle está sola.
Torpe luna menguante, en su hueca ignorancia,
sin vida ya su llama,
no sabe de nosotros
y en las pupilas deja,
pálido, aquel recuerdo
de otras noches iguales, separadas,
distantes del ahora por un rastro del tiempo,
por sigilo de años
que atraviesan, sagaces,
el corazón
con sinuosa y enconada herida.
Hay una luz. Enfrente.
La ventana defiende, iluminada, del que vela, la incógnita.
Alguien no duerme. Un libro lee. Piensa,
o desnuda su alma entre la noche,
o sufre y alimenta su dolor,
oculto,
arrinconado entre las horas
en que un sol indiscreto anularía, exigente,
borraría sus matices.
Ventanas en la noche. Iluminados mundos.
Abiertos aposentos, donde habitan esos desconocidos
pensamientos ardientes,
ilusiones que encienden su luz de espera
roja,
cuando las sombras únicas,
protegen su verdad, su desvarío.
Por todas las ventanas y balcones del mundo,
habitantes de todos los confines,
de todos los misterios,
huéspedes convergentes de tantas soledades,
de una ventana a otra,
de un enigma a otro enigma,
vuestras manos se unen
—nuestras manos se estrechan—,
amistades sin tacto,
presentidos ausentes.
No lo saben. Ignoran su lejana presencia,
pero algo inusitado se diluye en el aire,
se perfila en la sombra;
reciben, casi sienten
impalpable el mensaje
que lleva fiel noticia de un corazón a otro,
de unas manos a otras,
de esta ciudad hasta aquélla,
de una ventana iluminada a otra.
Si se escucha en la noche, dentro de su silencio,
si se atiende,
penetran,
se aproximan,
llegan a nuestro oído,
hasta dentro del pecho,
palabras,
signos,
voces,
secretos,
nombres,
sueños,
pensamientos, recuerdos,
sollozos
aquel grito.
Y otras voces:
las dudas,
inquietudes,
temores;
alegrías,
anhelos,
ausencias,
la tristeza…
Todo viene impulsado,
cruzando los espacios del silencio,
de una ventana a otra iluminada,
desvelada en la noche.
(De Durante este tiempo, 1972)

La feria de los pájaros
Sentí que se desgajaba
tu corazón lentamente
como la rama que al peso
de la nevada se vence,
y vi un instante en tus ojos
aquella locura alegre
de los pájaros que viven
su feria sobre la nieve.
(De Segundo Abril. Poema del aprendiz y el discípulo, 1938)

Cuando te conocí
Cuando te conocí
el tiempo no había llegado todavía;
el mundo no había llegado todavía;
tu llanto no había llegado todavía.
La luz no era aún la luz y era
el despertar un tránsito
de claridad a claridad y todo
era una nada densa y envolvente
unos momentos antes
de la creación.
Después, como un derrumbe,
como un alud de realidad,
como una ola de conciencia, vino
la materia a campar por sus dominios.
Y vino el tacto y la desesperanza.
Hablo de cuando no existía el universo.
Cuando te conocí
tu cuerpo no había llegado todavía.
(De Las edades del frío, 1998)

Tigres en el jardín
Como un ascua de odio te hemos visto en la aurora,
como un trigal de cielo derramado en la vega,
y hemos sorbido el agua que tu contacto dora
y ese aroma de rosas que nos cerca y anega.
En este huerto el lirio es feliz. Sólo implora
libertad nuestra sangre, mientras la nube llega,
se riza y, leve, pasa. Da el chamariz la hora,
y el gozo de la sombra, como un rencor, nos niega.
Solos entre las dalias, entre cedros y fuentes,
tanto nos asediamos que nos cala hasta el hueso
este amor sin futuro y esta luz de los dientes.
Tigres somos de un fuego siempre vivo e ileso,
y te odiamos por libre, recio sol, mientras puentes
de plata ha levantado la muerte a nuestro beso.
(De Tigres en el jardín, 1968)

Es urgente
Es urgente pedir por esta boca,
poner los dedos en la llaga.
Pan y trabajo,
siempre se escapa el tiro
pa’ los de abajo.
No le saliera el tiro
por la culata.
Urgente es preguntar por los ausentes,
de su eterna prisión romper los lazos,
gritar para exigir la libertad que aspiro,
antes de que este tiempo nos quiebre entre balazos.
Sus fusiles…
Sus ametralladoras…
Por “hache” o por “be” no te dejan vivir.
Sus fusiles disparan si “hache” es:
pan para los hijos, escuelas, trabajo
o decir que basta ya de tanto asesinato.
Sus ametralladoras
sorprenden cualquier reunión, en donde
se hable del hombre y sus derechos.
Van a misa rodeados de sus hijos
y allí se dan la paz con las manos manchadas.
No saben que el amor es todo lo contrario.
Quitarnos las mordazas de la boca es
urgente, tirar al río el cinturón
a bofetadas, ay amor, de flores.
Que para limpiar la frente de sudores
bien pueden valer claveles
por pañuelo. ¡Qué dolores
para pintar el puente de otros colores!
(De Y lo que quea por cantar, 1980, interpretado por Aguaviva)

Noche del mes de mayo
Quizá esta noche nos descubra nuevos,
a ti desnuda
y yo
vestido por la vida,
desnudo entre las luces
que proyecta tu cuerpo adolescente
sobre la triste sombra de los años.
Quizá esta noche nos descubra nuevos,
más sabia tú
y yo
con los ojos heridos,
con la mirada abierta
hacia el placer de verte y contemplarme
una vez más la piel enamorada.
Quizá esta noche nos descubra otros,
de diosa tú
y yo
de príncipe valiente que desvelara un sueño.

La casa
Diciembre en el jardín. Ésta es mi casa.
Yo vivo en un lugar por encima del humo,
entre una tumba antigua y una palabra nueva
ya convertida en grito.
Queda un trazo de mar por estos patios,
y una gran epidemia de palomas
desalojó el corral y desnudó el alero.
En las ventanas águilas en vuelo
y unas rejas sin voz: Pasado el sueño.
Una caja de música de amarilla presencia,
un barco de papel desvencijado y solo
y una herida en la luz: Como recuerdo.
Entre nube y metal me llega el día,
entre piedra y coral como un presagio.
Desde el fondo al pretil, llenando huecos,
el filo de la noche me abandona
y me sorprende el sol.
Y una gran siembra sueño en los rincones
de luces para ti.
Libres me anuncia el corazón sus alas.
Diciembre en el jardín. Ésta es mi casa.
Ésta es mi casa para ti, mi amor.
(De A boca de parir, 1976)

Elegía y postal
No es fácil cambiar de casa,
de costumbres, de amigos,
de lunes, de balcón.
Pequeños ritos que nos fueron
haciendo como somos, nuestra vieja
taberna, cerveza
para dos.
Hay cosas que no arrastra el equipaje:
el cielo que levanta una persiana,
el olor a tabaco de un deseo,
los caminos trillados de nuestro corazón.
No es fácil deshacer las maletas un día
en otra lluvia,
cambiar sin más de luna,
de niebla, de periódico, de voces,
de ascensor.
Y salir a una calle que nunca has presentido,
con otros gorriones que ya
no te preguntan, otros gatos
que no saben tu nombre, otros besos
que no te ven venir.
No, no es fácil cambiar ahora de llaves.
Y mucho menos fácil,
ya sabes,
cambiar de amor.
(De Elegía y postales, 1994)

Epigrama
Cuando llego a la casa y en la casa no estás,
en la casa estoy solo:
solamente estoy yo.
Y si llego a la casa y en la casa estás tú,
en la casa está el mundo,
y en el mundo, los dos.
(De Poemas a Milena, 2011)

Nocturno
A Carmen Córdoba
Corta el frío en la noche de Granada.
Dicen que ayer la nieve se deshizo
bajo la luz cobriza del invierno
en tejados y aceras: una fotografía
de ventanas insomnes,
reflejos grises, nubes de tormenta.
Ahora el viento se adueña de las calles vacías,
nos empaña los ojos como un cristal helado.
Parecemos dos sombras flotando a la deriva.
Por una vez he vuelto
a la antigua costumbre de ir cerrando los bares.
Ya no tienes edad para estas cosas,
me suelta aquella misma voz de siempre.
No me regañes, le contesto.
Hoy vengo en son de paz.
(De Biología, Historia, 2018)

Lo que vale una vida
Estoy en esa edad en la que un hombre quiere,
por encima de todo ser feliz, cada día.
Y al júbilo prefiere la callada alegría
y a la pasión que mata, la renuncia que hiere.
Vivir entre las cosas, mientras que el tiempo pasa
-cada vez menos tiempo para las mismas cosas-
y elegir las que valen una vida: las rosas
y los libros de versos, y el viaje y la casa.
Hasta ahora he vivido perdido en el mañana
-seré, seré, decía- o en el pasado-he sido
o pude ser, pensaba- y el mundo se me iba.
Ahora estoy en la edad en la que una ventana
es cualquier aventura, y un regalo el olvido.
Ya no quiero más luz que tu luz mientras viva.

Nocturno
A Ángel González
Aplauden los semáforos más libres de la noche,
mientras corren cien motos y los frenos del coche
trabajan sin enfado. Es la noche más plena.
Ninguna cosa viva merece su condena.
Corazones y lobos. De pronto se ilumina
en su sillín con prisas la línea femenina
de un muslo. Las aceras, sin discreción ninguna,
persiguen ese muslo más blanco que la luna.
Pasan mil diez parejas derechas a la cama
para pagar el plazo de la primera llama
y firmar en las sábanas los consorcios más bellos.
Ellas van apoyadas en los hombros de ellos.
Una federación de extraños personajes,
minifaldas de cuero, chaquetas con herrajes
y el hablador sonámbulo que va consigo mismo,
la sombra solitaria volviendo del abismo.
Luces almacenadas, que brotan de los bares,
como hiedras contratan las perpendiculares
fachadas de cristal. Hay letreros que guiñan,
altavoces histéricos y cuerpos que se apiñan.
El día es impensable, no tiene voz ni voto
mientras tiemble en la calle el faro de una moto,
la carcajada blanca, los besos, la melena
que el viento negro mueve, esparce y desordena.
Yo voy pensando en ti, buscando las palabras.
Llego a tu casa, llamo, te pido que me abras.
La ciudad de las cuatro tiene pasos de alcohólica
Desde el balcón la veo y como tú, bucólica
geometría perfecta, se desnuda conmigo.
Agradezco su vida, me acerco, te lo digo,
y abrazados seguimos cuando un alba rayada
se desploma en la espalda violeta de Granada.
(De Rimado de ciudad, 1984)
