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Piezas y Procesos

Guada en NY

Alfonso Salazar·
Guada en NY

Desde el principio de Olvidos de Granada, Guadalupe Ruiz Fajardo escribió muchas veces sobre diversos momentos de la vida y nos contaba los asuntos que consideraba fundamentales en cada uno de ellos, a través de rápidos trazos. Recogía aquellas historias falsas que no dicen nada, pero calan, y reflexiones a vuelapluma sobre lo que hay que vivir y lo que no quiere ser vivido. Ahora, en Procesos, Guada recupera esa manera de vivir y contarnos sobre lo de siempre y lo de ahora mismo, lo antiguo del mañana, lo nuevo de ayer.

Clase, gimnasio, taper, cerve, sofá, mando a distancia, New York One, el ébola ha llegado a Nueva York.

Los ochenta parecen un vampiro sin estaca en el corazón, que se despierta con la cara acartonada cuando menos te lo esperas, la epidemia, o que nunca se va, nunca se ha ido, el mando a distancia.

Los ochenta son como una vieja de Park Avenue que quiere ser de todo y se pone de todo y da mucho miedo porque es y no es, se parece y no. Y no puede sonreír. Los ochenta son Joan Rivers, que se ha muerto de tanto operarse la cara. Si no se la hubiese operado tanto se hubiera muerto solo un par de años más tarde.

De los ochenta vienen muchos males, los sueños rotos y el pop horroroso. Siouxsie Siouxe era punk y se puso tacones y se dejó llevar. Todas nos dejamos llevar por los tacones.
Aquí están los ochenta conmigo, escribo en Olvidos, veo la tele, veo anuncios en la tele, que ya son todo Viagra y planes de pensiones. He sobrevivido.
Los retos de ahora son raros, no hay nada que hacer, no son un castigo personal, no son nada, están sobrevolando por el espacio exterior, dando vueltas con Sandra Bullock y Major Tom.
Me suena mucho todo esto: el miedo al contagio y la indiferencia por el contagio, el miedo a la muerte y la indiferencia.
Me acuerdo de la primera vez que oí del SIDA y de la primera vez que tuve a un enfermo delante, no pasa nada pero mejor no lo toques. Y el primero que se murió y el primero que sobrevivió. Y los chistes, los chistes crueles. Ahora también hay chistes crueles, son los mismos, sirven. En el Hospital Bellevue del Lower East Side han reciclado para el ébola (¿se escribe con mayúscula?) la misma zona de aislamiento que usaban hace treinta años para el Sida. En el pasillo, mientras se ponen el traje de astronauta, los sanitarios contarán chistes del sida pero del ébola. ¿Por qué se dice ébola en español y ebola en inglés, y en catalán?
Mi versión del corrector de Word no tiene la palabra ébola, ni ebola.
Mi amigo José es médico de urgencias de un hospital de Nueva York y dice que tardas media hora en ponerte el traje de protección y otra media hora en quitártelo y que en el primer entrenamiento se rociaron con chocolate a ver si podían quitarse el traje sin mancharse y ninguno pudo.
Esos trajes de los sanitarios parecen reciclados también de E.T. Los niños que los ven en Guinea tendrán el mismo miedo que Elliot. El mismo terror, el mismo desconsuelo. Y no tendrán un extraterrestre que los rescate y huya con ellos en bici por el cielo.
Me acuerdo en la Sexta avenida, el primer orgullo que vi, todo mojado de rabia por la epidemia.
Y la primera vez que vi a alguien ponerse un pico, y la primera vez que no me lo puse yo, y los vómitos y los cuelgues, y los monos al sol.
Hace solo unos meses vi la primera jeringuilla en el parque al lado de mi casa. Y luego se murió Phillip Seymour Hoffman. Y me acordé de esa voz colgada que le oí un día cuando estaba sentado en la mesa de al lado almorzando por Chelsea. Y ahora sé por qué tenía esa misma voz que yo oí tantas veces en los ochenta.
No me gusta mirar atrás porque la vida siempre me empuja (como un aullido interminable, interminable). Pero hoy todo me recuerda a los ochenta, menos ese verso del paréntesis, que es de los setenta.
También pienso que si los sobreviví, ya nada debería espantarme.
Días después, otro virus vuelve a NY, el virus de los grandes hombres/nombres. Adieu au langage. Adiós a la inteligencia. Adiós al progreso. Adiós, Godard.
En imdb.com:
The idea is simple: A married woman and a single man meet. They love, they argue, fists fly. A dog strays between town and country. The seasons pass. The man and woman meet again. The dog finds itself between them. The other is in one, the one is in the other and they are three. The former husband shatters everything. A second film begins: the same as the first, and yet not. From the human race we pass to metaphor. This ends in barking and a baby’s cries.
(http://www.imdb.com/title/tt2400275/)
Gracias por explicarlo porque yo solo vi un perro corriendo, jugando en un bosque en la nieve y una sucesión de lugares comunes como en una colcha de almazuela hecha con solo tres o cuatro telas. Los lugares comunes son estos

  1. La palabra apache para mundo es bosque.
  2. Todas las mujeres que salen, solo hablan de hombres, los hombres hablan de cualquier otra cosa (referencia: Bechdel test). También se levantan de la silla para acudir a la llamada de un hombre, o lo miran cagar. (Esto no está en el Bechdel test, se podría incluir).
  3. El bosque es el coño y el coño es el bosque.
  4. El perro ama a su dueño más que así mismo.

Es en tres dimensiones, pero como si fuera en cuatro, excepto por dos momentos en los que la escena se desdobla y ves las dos superpuestas. Buen efecto pero es técnica nueva para algo tan antiguo como Picasso.
Lo mejor de la película es el perro. Lo único. Película francesa con perro. Me quedo solo con el perro.
Al volver a casa por el campus de Columbia viene un río de colchones acarreado por estudiantes camino de la casa del Presidente, me junto, afortunadamente pongo la mano bajo uno que es hinchable, Carry that Weight, una protesta en apoyo de las víctimas de la violencia sexual en la universidad y en contra de la impunidad de los depredadores.
Estoy leyendo una novela que empieza así, con una violación que es mejor no denunciar, Freedom, está de moda. Cuenta una historia de los ochenta que pasa todos los días.
Espero que por lo menos no vuelvan las hombreras, porque lo que son los fantasmas no se ha quedado ni uno en casa, ni en el cajón, ni en el féretro.

Número 542. ¿Ya? Qué rápido, me estaba preparando para dos o tres horas de espera, con esta cola… A mí me gusta hacer las cosas rápido, no como a otros. Pase, antes de sentarse… levante la mano derecha, ¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? Lo juro. Siéntese. Gracias. Mis gafas. Este es su expediente… su partida de nacimiento, lo primero, ¿puede explicarme porqué se llama María-Guadalupe en su partida de nacimiento y en la de matrimonio y se llama solo Guadalupe en todos los otros documentos? ¿Cosas de la Iglesia? Cuando tienes como catorce y te haces el documento nacional de identidad o cuando te sacas el pasaporte, puedes simplificar tu nombre, yo me quité lo de María. Marie-Guadalupe. No, María, con A. Y Ruiz y Fajardo, con y en medio… Eso lo ponen, lo ponían siempre, es algo antiguo, no significa nada… No me había dado cuenta de que está escrito con guión, María-Guadalupe. Tenemos que hacer un cambio legal de nombre, es gratis, solo hay que rellenar este impreso… Mucha gente lo hace, para simplificar también, a veces porque los documentos son antiguos. Una vez tuve un caso de una mujer de 70 años, no tenía el nombre dos veces de la misma manera, tuve que llamar aquí y allí, me lo tomé como algo personal, la pobre mujer, y lo conseguí, pero me costó horas, días, resolverlo… Pero esto no es un cambio de nombre, es el mismo nombre… Legalmente es un cambio de nombre, es gratis…. Le llegará una carta del juzgado, es gratis, no importa, nada más haga lo que le diga la carta, ¿le parece bien? Firme aquí… su firma no cambia, ¿verdad? Sí, vale. No, la firma la dejo como estaba. Esto será relativamente fácil, cuanto más distante la cultura lo de los nombres debe ser peor, ¿no? Qué va, los latinos son los peores, no son consistentes, unos llevan dos apellidos, otros uno; unos llevan guion, otros no, unas mujeres se ponen el apellido del marido, otros no; los peores, súper inconsistentes, los nombres chinos son todos iguales, los coreanos, pero los latinos, no hay dos iguales. Dígame, ¿Cómo se llama el gobernador del estado? Andrew Cuomo. ¿Cuál es la capital del estado? Albany. ¿Dónde está la Estatua de la Libertad? Ahí al lado, en Nueva York, en el puerto de Nueva York. ¿Quién fue el primer presidente de los Estados Unidos? George Washington. ¿Cuál es una promesa que usted hace cuando se convierte en ciudadano de los Estados Unidos? Retirar mi lealtad a cualquier otro país.  Dígame dos fiestas nacionales. Año nuevo y el día de los Veteranos. Esto ya está. Ahora, vamos a ver… Lea esta frase en voz alta… una vez le tuve que pedir que leyera esta frase a un profesor de Inglés, hacerle una prueba de inglés a un profesor de inglés, era inglés o irlandés, no me acuerdo, me dio vergüenza…“¿Quién vive en la Casa Blanca?” ¿Tengo que contestarla? No. Escriba ahí: “El presidente vive en la Casa Blanca”… bien, gracias… Usted viaja mucho, mucho, mucho… ¿Por qué viaja tanto? Por trabajo, por investigación, conferencias, cosas así, también voy en Navidad a ver a mi familia. ¿Qué investiga? En este momento estoy montando una base de datos para estudiar español, grabo a gente conversando… es lengua, lingüística… ¿Lingüística? Qué interesante, ¿Cuántas lenguas habla? Pocas. Pocas. ¿Le gusta la enseñanza? Yo una vez di un curso en una escuela de funcionariado público… qué latazo, qué exigente todo, un montón de trabajo, ¿a usted le gusta? Sí, me gusta mucho, es trabajo, pero es gratificante… casi siempre. Y le gusta viajar, viajar y enseñar… Sí, más cosas también, pero sí, viajar y enseñar me gusta. ¿Cuál es el mejor viaje que ha hecho en su vida? Nunca he ido a España, tengo que ir. Yo quiero ir a la Toscana el verano que viene, con amigas, solo mujeres. Vamos a alquilar una villa… En agosto, ¿hará mucho calor? Quiero estar de vuelta en septiembre para el primer cumpleaños de mi nieto… Qué bien. Y quitarse del calor de Nueva York… ¿No cree que hará mucho calor? No más que aquí, aquí es pero, la humedad… Dígame, dígame, cual es el mejor viaje que ha hecho nunca. No sé… quizá la Carretera 1 del Pacífico, el norte de California, Oregon… ¿En coche? En moto. ¿Moto? Mi novio tiene una moto, una Victory, con asiento de reina detrás para mí, con calefacción… ¿Qué moto tiene? Una BMW. Yo no la llevo, es muy grande. Tiene usted dos hijos, una vive con usted… Ahora los dos… están estudiando… Estará usted orgullosa. Sí, mucho. Ahora todas estas preguntas, las preguntas que le dan risa a todo el mundo… ¿Ha participado alguna vez en un acto de genocidio? ¿Ha participado alguna vez en un acto de tortura? ¿Pertenece o ha pertenecido a alguna organización terrorista?… No. No. No. ¿Qué mira? Esto que llevo en el dedo, es para protegerlo, estoy todo el día pasando páginas, a veces termino con una ampolla… ¿Le gusta? Igual tengo otro por aquí, mire sí, aquí tengo otro, vienen en tallas diferentes, pero igual le sirve, pruébeselo, ¿le sirve? Pues quédeselo, para corregir exámenes… Muchas gracias. Veo que es usted miembro de algunas organizaciones… defensa de animales, partido anti taurino… No me cabe en la cabeza cómo hay gente que se puedes sentar a divertirse viendo cómo torturan a un pobre animal… Es horroroso… No lo entiendo, no lo entiendo, de verdad… Bueno, vamos a ver… esto está bien, le llegará una carta, del juzgado para el cambio de nombre… y ya el juramento, nada más. Todo debe ir más o menos rápido. Firme aquí, su nombre y su firma… escriba ahí el nombre de su nacionalidad anterior…  ¿Mi nacionalidad anterior? Ah, sí, claro, española… Una cosa, cuando me llegó la carta con la cita esta, para esta entrevista, pedí que me la retrasaran porque… Ah, sí, bueno eso da igual ya, ¿no le llegó ninguna notificación? No, nada. Pues ya está. Enhorabuena. Gracias.

Harlem se muere y revive, cambia y se muere, revive, se muere.
La semana pasada cumplió 25 años un tugurio que está en Adam Clayton Powell y que se llama París Blues, por la película de Sidney Poitiers y Paul Newman, y que lleva todos esos años sobreviviendo gracias al dinero de blancos bien intencionados como Paul Newman.
Hubo tarta con velas, champán y muchas fotos, pero sobre todo música: Route 66, Summer time, esas cosas de toda la vida. Un señor de dos mil años rapeó. No había visto nada igual desde hace quince años, en Pampaneira, en un bar de jamones.
Harlem Jazz Machine con Marvin Vines y Okäru. Marvin se había puesto chaqueta para la ocasión. Búscalos en YouTube, hice vídeo con mi teléfono pero no salió bien. Falta una niña de 17 ó 18 que fue la princesa del clarinete.
Las paredes del París Blues están llenas de medallas curiosas, una foto dedicada de Michelle Obama y de toda la familia de Michelle Obama, de Bill Clinton, de Josephine Baker, de Charlie Rangel que es diputado de NY desde más o menos cuando se abrió el local. También de Al Sharpton, un cura muy famoso que está dando explicaciones en la tele por no pagar impuestos. Fotos del dueño, de militar, y su parche de “I served in Vietnam”, sus premios, los recortes del periódico, sobre el bar y sobre glorias del barrio. La música de la máquina de música se puede controlar desde el teléfono. Bruno Mars y Michael Jackson. Mucho reggae.
En las vitrinas detrás de la barra hay copas de Martini criando polvo porque aquí nadie toma Martini, se toman cervezas y chupitos de whiskey, y algunas toman vodka con zumos de colores. De los estantes cuelgan cosas raras, una nota en una hoja de libreta dice “Now we sell well liquor”.
El dueño del bar se llama Samuel Hargress Jr., tiene otros dos mil años y pasa bastante de todo, con su traje blanco y su fedora. Old cat. Detrás de la barra están Estelle y Judith que son hermanas y hablan español, todas las noches llevan arroz y frijoles para los músicos y para quien quiera; lo cocina su madre que se pincha insulina en el cuartillo de atrás.
Anoche había señoras con turbante de colores y señores con traje de tres piezas, sombrero y abrigo, modernitos de barba larga y modernitas de bola afro, y culos en medias doradas que pueden aguantar una copa en la rabadilla mejor que el de Kim Kardashian. Una pareja como salida de la sección de moda  de Vice cantó Les Feuilles Mortes en francés y en inglés, dos lenguas, dos bocas, Nueva York y París. A algunos neoyorquinos trasnochados les gusta decir que las dos ciudades están en el mismo paralelo, así las ponen en los mapas, pero no es verdad, la que está en el mismo paralelo es Madrid.
El fotógrafo dice que Nueva York es la mejor, que no hay ninguna como Nueva York.
Este bar es un espejismo de convivencia porque aquí no hay convivencia. No van a juzgar a Darren Wilson (blanco), el policía que mató a Michael Brown (negro) en Ferguson, Missouri, ni seguramente al que ha matado el crio de 12 años que jugaba con una pistola de pega en un parque, ni juzgaron a los que le pegaron 50 tiros a un novio de despedida de soltero al salir de un club de Queens. Las protestas amainan hoy, que es Acción de gracias, San Givin. Hasta que hay otro.
El fotógrafo dice que lleva 40 años en NY y que este bar es ya el único sitio auténtico y un chaval de Minnesota me dice al oído que es la mejor noche de su vida.
La chaqueta de la muchacha que cantó Les Feuilles Mortes lleva el logo del Lenox Lounge que estaba dos calles más allá y que desapareció hace dos o tres años. Era otro local de jazz pero con paredes forradas de cebra. Tuvo que cerrar por el alquiler, que subía sin parar. Entonces otros quisieron abrirlo y parece que una noche el antiguo dueño se robó el luminoso para que por lo menos el nuevo no pudiera aprovecharse de su aura. Tampoco existe ya el Saint Nicks.
Hay otros blancos no tan bienintencionados que generan el desastre. Yo trabajo para uno de ellos. La Universidad de Columbia ha comprado todos los solares de West Harlem para ampliar el campus y traer riqueza al barrio: ha dejado el Cotton Club en una isleta de tráfico. Los vecinos y las boticas y los tugurios cerrarán o se irán si pueden para el Bronx o más lejos para dejar las calles limpias y los locales listos para los estudiantes y sus Starbucks.
La policía ayuda: este verano ha hecho una redada en la que se llevó a cuarenta y tantos con la intención de terminar con una banda de moteros, pero terminó con la rehabilitación de la mitad de ellos, que habían dejado la tal banda mucho antes. La investigación fue complicada, encontraron que había varios policías en la banda de moteros.
En inglés se llama gentrification, en español aburguesamiento, es un mal implacable que ha terminado desde que vivo aquí, con el Lower East Side, Williambsurg y Hells Kitchen. Vivo aquí desde hace ocho años. Me da la impresión de que el París Blues y todo Harlem se va a tener que encomendar a otros santos, porque ni Obama ni Di Blasio ni Charlie Rangel ni Bill Clinton van a mover un dedo por su supervivencia.
A Harlem le queda menos que a Venecia.
En los años que viví en Granda desapareció el Sacromonte y la Manigua y medio Albaicín. Apareció el Reina Mora, el Polígono y el centro comercial Don José.
Aserejé.