Paco Gris: La cabeza estrellada

Cien años después de la Primera Guerra Mundial en olvidos.es ofrecemos una versión diferente, que mostramos a través del nuevo trabajo de Paco Gris, realizado en Granada. En este proceso el lector encontrará un texto (1) del propio pintor inspirado en una fotografía de Apollinaire, a partir de la cual encontraremos cubrecabezas y lamentaciones que se muestran en unas galerías adjuntas (2 y 3). Finalmente Sergio Hinojosa (4) nos permite ver los dibujos de Paco Gris con un argumento establecido a través de unas frases o sentencias que dan lugar a una narrativa distinta.
Sergio Hinojosa
La colección de pinturas, distribuidas en dos series que nos presenta Paco Gris, nos acerca a la experiencia terrible de la guerra. Colores, que se resuelven en texturas tornasoladas u ocres cercanas a la masividad de Tapies, aluden a ese espacio desolado del día de después. En la primera Cubrecabezas repite la imagen de un casco, un “cubrecabezas” que va adquiriendo diversas texturas y colores, dejando asomar por donde entró la bala el testimonio mudo de la guerra. En la segunda serie, Lamentaciones, el cuerpo es el que habla de su dolor. Fue la contemplación de una imagen del poeta Apollinaire, postrado, herido durante la Primera Guerra Mundial, la que indujo a Paco Gris a crear esta colección.
La guerra mandó a la tumba no sólo a Apollinaire, sino a millones de personas. Muchos cascos quedaron vacíos, muchos cuerpos retorcidos y separados de sus ilusiones. En esta repetición Gris recurre a Warhol, para denotar un cierto consumo del beneficio y la muerte. Arte transido de mensaje, hecho signo a base de repetición puntuada.
La Primera Guerra Mundial fue la primera conflagración global que aplicó la industria pesada a la producción de muerte y desolación. Comenzó en Centroeuropa, y pronto se extendió a todo el globo.
El Norte buscó excusas raciales para ocupar lo valioso del Sur, y el liberalismo, transmutado en imperialismo, encontró motivos para la expansión mundial y la guerra. El nacionalismo vino a avivar el fuego en cada bando, Desde Tannenberg en la Prusia oriental a los Cárpatos, y desde Verdún a Caporetto.
Desde hacía tiempo se alentaba la guerra. “La grandeza de la Historia reside en el conflicto perpetuo entre naciones” sentenciaba Treitschke. Era el influyente historiador prusiano, el historiador de Bismarck, defensor de la expansión colonial y enemigo de Gran Bretaña, que exaltaba la grandeza militar de Prusia y el prestigio del Sacro Imperio.
En Alemania, durante el gobierno Hohenlohe que controló el país de 1894 a 1900, se instauró la llamada Sammlungspolitik (1897). Miquel, ministro de finanzas, reunió a los agricultores con los distintos sectores industriales y empresariales, para crear una “solidaridad de intereses” y formar un frente contra el movimiento obrero y el socialismo.
Uno de los efectos de esta “alianza del centeno y el acero” fue la creación de la Liga Naval. El Ministro de Marina, Alfred von Tirpitz, alentó con ello el desarrollo de la flota alemana para hacer frente a Gran Bretaña. La Liga Naval y de la Liga Pangermánica, ambas controladas por el grupo industrial Krupp y Stumm, constituyeron uno de los elementos clave para entender el imperialismo y la guerra como salida al expansionismo alemán.
La élite alemana que entró en la guerra tenía un carácter “feudo-aristocrático-militar”, en ella dominaba el elemento prusiano, con sus técnicas de mantenimiento del poder ante los rápidos cambios sociales: represión directa, adoctrinamiento, división de la oposición y fuga hacia el imperialismo para solucionar las contradicciones internas. Sus principales propulsores: el general Moltke y el propio Guillermo II.
El desarrollo de la sociedad alemana moderna (Gesellshaft), individualista y competitiva, chocaba con la herencia corporativa y asociativa de la antigua sociedad aristocrática y agraria, concebida como un todo orgánico (Gemeinschaft). Gran parte del asociacionismo prebélico, respondía a esta unidad natural añorada. Los Vögelwander, por ejemplo, realizaban excusiones, cantaban cánticos de exaltación tradicional y patriótica, y eran críticos con la democracia, el marxismo y el régimen parlamentario de partidos. Su visión crítica de la nueva sociedad encontraba en el capitalismo financiero personificado en “los judíos” la causa de sus males. Este lazo social de las pequeñas comunidades naturales se mantendría tras la guerra, y jugaría un papel esencial en el auge del nazismo.
En Estados Unidos e Inglaterra el darwinismos social desemboca en imperialismo, afirmaba Richard Hofstadter. Liberalismo y darwinismo se dan la mano en un nuevo impulso de las “razas superiores”: el imperialismo. Thomas Hill Green había conseguido en la Inglaterra victoriana que el liberalismo pasara de doctrina partidaria a filosofía de una nación: la libre y poderosa Inglaterra. Será Joseph Chamberlain, quien aproxime liberales y conservadores y sostenga el ímpetu de una política imperial. Una grandeza que exigirá la guerra.
Tras la Guerra de Cuba, Roosvelt se jactaba públicamente de haber matado con sus propias manos a un español. Fue él, quien reformó el liberalismo cambiando las reglas de juego empresariales de los trusts y atajando las influencias de los grandes grupos económicos, para limitar su poder a base de proyectar a EEUU como potencia imperialista.
Francia está resentida por el agravio infringido por Alemania con Alsacia y Lorena. El patriotismo popular de Michelet admiraba el “milagro alemán”, pero el nacionalismo francés de 1900 es ya hostil a Alemania.
“Michelet creía en la unidad profunda de Francia, y su pensamiento era centralizador. El nacionalismo de 1900, por el contrario, es descentralizador, regionalista; Maurras, Barrés y el mismo Péguy, recuerdan de buen grado sus orígenes provincianos (…) los nacionalistas de 1900 creen en la virtud de las élites y en los beneficios del orden” (Jean Touchard).
Maurice Barrés era nacionalista boulangerista. En su novela L’appel au soldat (1900), dedicada a Jules Lemâitre -quien fuera presidente de la Ligue de la Patrie Française- simboliza la “energía nacional”. La tercera república no era suficientemente contundente con el agravio sufrido con Alsacia y Lorena. Los que se opusieron al conflicto quedaron desplazados ante la “L’Unión Sacreé”. El socialista Jean Jaurés, fundador de L’Humanité, era asesinado en París por un militante ultranacionalista el 31 de julio de 1914, tras oponerse a la entrada de Francia en el conflicto armado. Pero el gobierno de Raymond Poincaré logró esa unión con Gran Bretaña y Rusia, para hacer frente a la Triple Alianza (Alemania, Austria-Hungría y el Reino de Italia). Los cascos estaban ya repartidos.
Pese a que el nacionalismo boulangerista saliera derrotado, La Liga de la patria francesa es vencida por la defensa republicana y el combismo, la victoria corrió en gran parte a cargo de ese ímpetu. Fue la defensa de la cercanía, del localismo de la derecha francesa, reorganizada e incluida en la idea colonial imperialista, la que obtiene voluntarios para el deshuese.
Austria y Rusia manipulaban los movimientos nacionalistas en el imperio otomano. Turquía y Austria ya se habían enfrentado por el control de Bosnia Herzegovina, y tenía planeado convertir a Serbia en estado satélite. Alemania penetraba económicamente en la zona a través de proyectos bancarios y del ferrocarril. Distintos intereses imperialistas se encontraban en la olla a presión de los Balcanes. Sólo faltaba la chispa.
Un joven bosnio, apoyado por el nacionalismo serbio, disparó a bocajarro al heredero Francisco Fernando a la coronas austríaca. Austria consulta a Alemania, y recibe del Emperador un “cheque en blanco”. El 31 de julio se movilizan las tropas rusas en la zona. Austria lo considera una declaración de guerra y comienza el conflicto. Los alemanes creían que se trataba de una campaña, que concluiría como muy tarde por Navidad.
Para 1915 la situación en el frente empeora. La economía alemana no estaba preparada para un conflicto prolongado. Se suceden los motines por comida, y en 1917 comienzan las huelgas importantes. Las divisiones surgen en la izquierda. El Partido Socialdemócrata Independiente (USPD) se separa del Partido Socialdemócrata (SPD).
En 1917 Lenin publica Imperialismo, fase superior del capitalismo. Cree que el conflicto es un producto no de los estados naciones, sino del propio sistema capitalista.
Paco Gris
La exposición que presento en olvidos.es, bajo el titulo La cabeza estrellada, surge a raíz de la sensación que me produjo, unos años atrás, una fotografía realizada en 1916, en la que el poeta Guillaume Apollinaire aparece postrado en una cama, convaleciente, de una herida en la sien izquierda producida por las esquirlas de un obús, cuando combatía en el frente de la Primera Guerra Mundial. Lo primero que atrajo mi atención de aquella enigmática imagen fue la cabeza del retratado, rodeada por un lienzo blanco, que más me pareció el despojo de una fiesta de disfraces que las secuelas de un trauma bélico. Me inspiró desde el primer momento que la vi, quizás, atraído por esa apariencia magna que destila el personaje a la par que buñuelesca.
(FOTO APOLLINAIRE, anchura media columna a la derecha)
Esta inspiración inquietante me lleva a investigar sobre la historia que hay detrás de la escena fotográfica, y descubro, que al inicio de la Gran Guerra ninguno de los combatientes iba equipado con ningún tipo de protección lo que provocó un enorme incremento de bajas por heridas sufridas principalmente en la cabeza debido, en gran parte, a la excelente precisión y capacidad letal que habían alcanzado las nuevas armas de fuego. Para dar al lector una sucinta idea de la magnitud y transcendencia del asunto, basta decir que oólo en los primeros minutos de la batalla del Somme, la más larga y sangrienta de toda la guerra, perdieron la vida más de 20.000 combatientes británicos barridos sin piedad por las ametralladoras alemanas. Durante los cinco meses que duró la matanza se cobró la vida de más de un millón de hombres y ninguno de los objetivos fijados había sido conseguido, ni por uno ni por otro bando. A día de hoy siguen apareciendo cadáveres por la zona. ¿Qué pasó? ¿Por qué ese menosprecio absoluto a la vida de los soldados que se entregaron sin reservas a aquel diluvio de fuego?
Una parte importante de la respuesta a esta pregunta la encontramos en el libro de José RamónMélida editado en 1887 bajo el título Historia del casco, donde puede leerse “ (…) extinguido en el siglo XVII el uso de la armadura, que vino a ser innecesaria cuando la adopción de las armas de fuego en la guerra quitó importancia al combate de arma blanca cuerpo a cuerpo, el casco se convirtió en objeto de lujo u ostentación, perdiendo todos sus caracteres de arma defensiva”.
Aunque sólo sea una débil sombra de la monstruosa dimensión del asunto, creo que la imagen del célebre poeta surrealista refleja de manera alegórica el sinsentido y la crueldad del momento, y además, me sirve como excusa para darle una cohesión temática al trabajo realizado, ya sea en sentido literal, nominal o metafórico.
Cubrecabezas
Realizada expresamente para la ocasión y desarrollada en un terreno conceptual, destaca un conjunto de 15 cuadros de pequeño formato, que forman parte de la serie titulada Cubrecabezas y que remite a la idea de las relaciones que las personas establecen con las cosas y su función social, y como la tecnología inventada puede crear o destruir el sentido de dichas cosas.
(FOTO CUBRECABEZAS, A ANCHURA DE COLUMNA)
Decía Andy Wharhol: ” Cuando uno ve una imagen atroz una y otra vez, acaba por noafectarle”, y no le faltaba razón, máxime, cuando la actualidad tiende a asumir el accidente y la catástrofe como algo cada vez más rutinario y menos extraordinario. Quizás en este trabajo esa idea subyacente de la repetición de lo serial haga referencia a la interpretación visual del dicho “la historia está condenada a repetirse”. Cuando todo está patas arriba, la sociedad simplemente se reacomoda y nada cambia y lo que antes era un casco militar, en los tiempos que atravesamos, se transfiere en prendas protectoras apropiadas para repeler el riesgo de contagio biológico de un virus como el ébola, cuya tasa de letalidad puede llegar al 90%. Si a esto le sumamos una sobredosis de casos de personal sanitario infectados por no ir adecuadamente equipados nos lleva a hacernos la misma pregunta que cien años atrás se hacían los propios soldados en las trincheras: ¿estamos preparados para soportar una amenaza de este tipo?
A diferencia del gurú de la modernidad, que utilizando la técnica de la serigrafía suprimió toda huella de la mano en sus ” repeticiones”, en mis cuadros siempre está presente, imponiéndose a la más alta jerarquía de la esencia de lo representado. Son pura sensación táctil. Simplemente los llevo a mi terreno y los interpreto sobre estructuras terrosas, en los que la textura es la protagonista y aunque la técnica normalmente no tiene demasiada importancia para estas obras conceptuales, en este caso, subraya el carácter personal y único de cada pieza que además, supone un universo en sí mismo, y cada imagen es tratada con infinitas variaciones como si se tratara de metamorfosis de un mismo núcleo original, adquiriendo de esta forma un sentido individual. Desubicado espacialmente, el rostroaparece flotando sin que nada lo una al cuerpo, en la soledad total sobre un fondo crudo, perfilándose como un estigma de la barbarie de un mundo que ya no volvería a ser el mismo.
Lamentaciones
Siguiendo el sentido narrativo de la muestra, se completa con un significativo número de obras pertenecientes a la serie que he titulado ”Lamentaciones“ y en la que el observador puede ver como único objetivo representado a la figura humana, no exaltada por la belleza sino deteriorada por el dolor. Esta seriees concebida a lo largo de un espacio temporal que se remite a finales de los años 90 siendo abandonada y retomada de forma intermitente durante todo este tiempo, pero siempre empujada por la inquietante inspiración que me produce la poderosa imagen del poeta.
(FOTO LAMENTACIONES, A ANCHURA DE COLUMNA)
Revestida de una carga comunicativa humana, sólo quiere ser sensación, el registro del horror que millones de hombres pudieron vivir en las trincheras. La presencia intemporal del sufrimiento.
Hecha y desecha al mismo tiempo, la figura, inmersa en su propio aislamiento, nos transmite un mosaico de gestos desencajados, de espantos, de lamentos que se perfilan como cacofonías del terrible grito del horror ante la muerte, provocando el efecto de una sensación atroz de tragedia, unidas por un único sentimiento: la necesidad de sobrevivir, de seguir adelante en un mundo fragmentado, caótico y destructivo.
Vida y muerte son reflexiones constantes aquí.
EL color queda reducido a almagres, sutiles toques de ocres, negros y grises, (“loscolores delpensamiento, la reflexión y la introspección”, que diría Tápies) ensuciando y encerrando el espacio, como si se tratara de un agujero cavado en la tierra ausente de toda impresión luminosa, confiriéndole a los cuadros una apariencia fría y distante como los poemas vacíos de Apollinaire. Escenarios desolados para personajes desolados, signos de la degeneración de la simple enemistad entre los hombres llevada al extremo, a través del rostro angustioso de la persona que sufre, sobre la superficie torturada, con todos sus errores e irregularidades como ocurrió en la guerra real.
Realizada en diferentes formatos y soportes la exploración pictórica penetra en territorios puramente informalistas y combina una variedad de técnicas y materiales que he ido aplicando durante el largo periodo de desarrollo del proyecto (inconcluso) y que son fruto de los hallazgos con los que he topado en mi formación artística alejada de los métodos académicos. En cualquier caso estamos ante trabajos muy marcados por la influencia de los grandes maestros de la pintura matérica (Tápies y Dubuffet) y de la icónica serie del expresionista noruego Edvard Munch, (”No podemos pintar eternamente mujeres que cosen y hombres que leen”) titulada El grito (1893).
El 9 de noviembre del año 1918 a las 17:00 horas, fallecía Apollinaire a la edad de treinta y ocho años a consecuencia de una congestión pulmonar durante la pandemia de gripe española que azotaba París. Los investigadores creen que los sistemas inmunológicos de los soldados se debilitaron por la tensión del combate y los ataques químicos. Dos días después Alemania se rendía. El armisticio firmado a las cinco de la madrugada entra en vigor a las once de la mañana. La guerra había terminado.
La primera guerra mundial causó más de nueve millones de muertes (una media de 5.059 bajas diarias) y a esto hay que sumarle el doble de heridos y desaparecidos, además de dejar una crisis en Europa de alcance incalculable. Fue una guerra en la que todo lo que pudo salir mal, salió mal.
Sergio Hinojosa
Cubrecabezas y Lamentaciones
PONER FOTO POR CADA PUNTO, SEGÚN CARPETA
- Un soldado, nacido en Roma y al fin reconocido ciudadano francés, se despide de su amada para marchar al frente.
- Sus poemas se refugian en las trincheras, que se extienden de Este a Oeste y de Norte a Sur.
- El poeta escribe en la trinchera sin melancolía ni gemidos:
Los obuses pasan como estrellas fugaces Los prisioneros van en tropas dolientes Y mi corazón tan solo late por ti querida Mi amor mi Lou mi arte y mi artillería
- La foto del Apollinaire herido, -la que hace producir a Paco Gris estas interesantes series “Cubrecabezas” y “Lamentaciones”- no es la foto de un soldado derrotado o melancólico.
- Inflamada su alma como la de tantos otros, se enroló voluntario deseoso de combatir. La guerra hizo del bohemio errante un patriota francés hermanado con la muerte.
- Nadie entendió su euforia ante el horror. Quizá sólo su amada Madelaine, cuando recibió su confesión a medias: “En realidad, ningún escritor podrá describir el simple horror, la vida misteriosa de la trinchera.”
- Cascos, cartuchos de proyectil, objetos que ya no son mercancía, sino generosos dones entre camaradas.
- Cascos que son herencia sagrada… de otros héroes muertos. Paco Gris capta esa dimensión escondida.
- Cascos, que protegen una cabeza u otra, para dejar en cada una sus marcas antes de que un proyectil la perfore.
- Cascos que no se venden ni se compran y, separados de sus cuerpos, se ajustan con orgullo al recordar otros valientes caídos.
- Cascos, como objetos arrancados ilusoriamente a la economía política, para flotar en el aire libre y desinteresado de la utopía.
- Ambiente entre iguales, de camaradas en serie, uno tras otro, que sueñan el triunfo y la victoria.
- Cascos vacíos, tirados en al barro, perdidas las ilusiones como los cuerpos.
- Ya no es patria lo que respiran en el frente, sino cansancio.
- Luego vinieron las fotografías, el recuerdo de los vivos, los crucifijos en el pecho, las notas escritas desde la desesperación, el horror y la añoranza de la paz. Las trincheras derramaron sangre y tinta, también mucha tinta.
- Muy poco tiempo duró el idilio patriótico. Frente estancado, la lenta carnicería en las trincheras: La euforia y la memoria de los héroes dejaron paso al horror más desnudo.
- Su herida en el cráneo afectó su cerebro, le trastornó y le debilitó. Tal vez por esa insignia roja de patriota huyera hacia la muerte. Otro casco más.
- De no haber muerto, tal vez hubiera ascendido en el escalafón hasta salir por una puerta inesperada.
Cordes faites de cris Sons de cloches à travers l’Europe Siècles pendus Rails qui ligotez les nations Nous ne sommes que deux ou trois hommes Libres de tous liens Donnons-nous la main
Cuerdas hechas de gritos Sonidos de campanas a través de Europa Siglos colgados Raíles que enlazáis las naciones Sólo somos dos o tres hombres Libres de todos los lazos Démonos la mano
- El imperialismo no es ideología para soldados, sólo geopolítica y maquinaria para la conquista de otros cuerpos.
- Para los soldados queda el ardor patriótico y la sensación formar parte de un país potente, dueño por derecho de las regiones menos civilizadas.
- Exhaustos, enfermos hambrientos, dejaron caer sus cuerpos y lo que quedaba del ejército. La guerra, escribe Apollinaire…
Es un banquete que se ofrece a la tierra
La tierra tiene hambre y abre sus largas fauces pálidas
Tiene hambre y este es su festín de Baltasar caníbal
- Más allá del pensamiento, del arte, de la poesía, la máquina de guerra estaba ya engrasada y la tierra cambiaba de color.
- Los materiales como desvela Paco Gris dejaron de ser existencias neutras, para volverse desvaídos despojos de lo vivo, testigos de lo inhumano.
- El cuerpo se hace presente de manera traumática. Una granada alcanza a Gerhart o a François, o a John, y el instante es una mancha en el paisaje.
- Paco no aporta paisaje a sus cuadros, tan sólo la mancha y el cuerpo destruido, el rostro humillado, sufriente como el alma. Efectos de la máquina infernal.
- Nuevas máquinas ametralladoras que producen 20.000 muertos en una sola Batalla, la de Somme.
- Carros de combate, que aplastan los cráneos, y si son alcanzados, sirven de horno a los artilleros.
- Minas y granadas que revientan y estallan las vísceras de la humanidad por primera vez. Ya no hay sables, sólo navajas para marcar los días y balas para matar y ser matado.
- Llegan noticias de temibles torpedos, capaces de sepultar barcos enteros ardiendo en el mar helado. Noticias del frente que no cesa.
- La patria es ya una radio que apenas se oye y que pide más valor y más sangre.
- Órdenes, alertas, bajas, deserciones, disparos accidentales, muerte, dolor, patria, ilusiones torpes o amaños del cinismo, más muerte.